La Calata Culta Jueves, 21 agosto 2014

Con ganas de tirar y de rascarme el ombligo

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.
LD

Imagen de Eleanor Taylor

Mi reloj marcaba las 4 am y no podía dormir: un zancudo había hecho un festín en mi ombligo. La pequeña cavidad abdominal estaba color rojo. Ardía como mierda. Iba a renegar, a vociferar sandeces: levantarme en medio de la oscuridad, quizás con la absurda intención de encontrar al mosquito en algún lugar dentro de la habitación para darle con la sandalia, darle muchas, muchas veces y adiós mosquito. Pero no perdí el control. No seas ordinaria, Saturna, me dije. Encuentra la paz en medio del fastidio. Decidí bañarme. A la mierda, pensé. Qué chucha el frío. Me sobé con jabón todo el cuerpo, un montón: el Heno de Pravia me reconcilia con la humanidad. En ese momento deseé que alguien me sacara la mugre de la nuca y me dijera, oye, ¿hace cuánto tiempo que no te bañas bien? Una llamada de atención para que luego venga el cariño. Después podría darme unas nalgadas y penetrarme por el culo. Extraño tirar en la ducha… Coloqué crema anti zancudos dentro de mi ombligo y fui buena: busqué la ropa más fresca; un polo del Tri de México y un calzón de corazones para sentirme adolescente.

Esa mañana fue productiva. Levantarse temprano tiene sus ventajas. Mi primer objetivo era ir al banco y regresar a la casa: tenía que desgrabar una entrevista que le había hecho al así llamado Henry Spencer… Caminaba por el parque y esta sensación de vacío me recorrió. Veía a personas sentadas en las bancas. Había jóvenes y viejos. Vendedores de globos y padres sin ganas de jugar con sus hijos. Madres exigentes y distraídas en la rabia. Esas imágenes me bajonearon: el modus operandi de los adultos me entristece. No tenía ganas de regresar: yo quería un buen vino y una buena conversación, sin queso y sin seriedad. Recostarme con alguien solo para sentir su calor y su palpitación. Pensar que también esa persona es un montón de órganos compactados de forma armoniosa.

Así que me fui a la casa de Equer a pasar el resto de la mañana. Mientras caminaba por las calles me iba metiendo el dedo en el ombligo: metía y sacaba mi dedo, porque me picaba… ¡Mierda, cómo me picaba! Igual estaba contenta porque sabía que Equer me estaría esperando con su pene erecto. Pensaba en eso y caminaba más rápido. Quería tirar. Quería que me dijera ¿por qué no vienes a culiar conmigo? Él me decía eso y yo me mojaba harto. ¿Hace cuánto que no culiamos? En ese momento recordé al poeta Fonollosa.

¿Por qué llenarlo, pues, con la tristeza
si es posible colmarlo de sonrisas?

Si se ha ocultado el sol pueden los faros
del coche iluminar la carretera.
Mientras llega otro amor buscando el nuestro 
juguemos, sólo juego, a enamorarnos.

Yo caminaba, me rascaba y observaba el cielo. Observaba las nubes y suspiraba. Todo se resume en la necesidad de recibir un abrazo, pensé.

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.
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