La Calata Culta Viernes, 17 octubre 2014

Patricia Espinoza: No hay una cultura sexual de penes y vaginas

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.

abridora

 

La reconocida sexóloga Patricia Espinoza me abre la puerta de su consultorio. Sonríe y dice que me acomode. Dice también que esta hora, así, tipo tres de la tarde, es deliciosa porque aprovecha para darse una dormidita mientras espera a que lleguen sus pacientes. Yo me río un poquito y disimuladamente acomodo mi calzón, porque ha empezado a picarme por la entrepierna. Quizás los nervios, pienso. Veo que sobre su escritorio hay un libro, visualizo el nombre del autor: Murakami. ¿Qué tal “Sputnik, mi amor”? La historia es muy romántica, me dice. Me doy cuenta de que la doctora Patricia es de las personas a quienes les gusta saber siempre más. Debe ser insaciable, concluyo. La escucho hablar e imagino penes y vaginas. La sexóloga y yo conversamos.

¿Qué profesión estudiaste?

Estudié psicología. Al inicio me llamaba mucho la atención la criminología. Investigaba sobre trastornos, psicopatología y sobre asesinos en serie. Y es en medio de todas esas investigaciones que me doy cuenta de mi interés por el tema sexual.

¿Qué edad tenías?

Recuerdo que a los quince años voy a Perú Mujer, uno de los primeros centros feministas, y es ahí donde empiezo a escuchar información sexual y sobre derechos de las mujeres. Llevo cerca de 22 años trabajando en Innpares. Al inicio ingresé como voluntaria y al mismo tiempo estudiaba en la universidad. ¡Innpares ha cumplido 38 años y he aprendido tanto! Cuando empezaron a llegar los primeros casos de VIH yo iba como promotora a la plaza San Martín, mismo cómico ambulante, a repartir información. Enseñaba cómo usar un preservativo, cómo cuidarse para no contagiarse. Tenía veinte años.

¿Qué te decían en tu casa?

Recuerdo que con mi mamá eran los conflictos grandes. Ella no entendía lo que estaba haciendo. Porque ser voluntaria significa ir a campañas, la plata, el tiempo… No lo entendía pero a la larga es ¿qué me queda, no? 

¿Y cómo era tu vida social? Me pregunto si alguna vez fuiste a un quinceañero, por ejemplo.

Yo era muy libre, de ideas independientes, pero no me gustaban los quinceañeros. Recuerdo haber asistido a uno, mi mamá me obligo a ir: recuerdo que la chica se llamaba Sarita. Yo no quería porque no me gustaban los vestiditos y todo el trámite. Y cuando cumplí quince años mi mamá me organizó una pequeña fiesta. Yo tampoco quería. De regalo le pedí a mi mamá un overol. Y después era la sospecha de mi madre: ¡Ah! ¿Por qué quiere un overol y no un vestidito? ¿Será rarita? Sus palabras exactas fueron ¡Mi hija puede ser machona! Ella tenía ideas muy tradicionales.

¿Eras muy madura para tu edad?

He sido terrible, ja ja ja. Mente decidida. Mi mamá creía que yo iba a salir embarazada a los quince años, porque era muy rebelde. No me gustaba que me impusieran las cosas. En primaria estudié en un colegio mixto, con carpetas individuales, clases de piano, música clásica en el recreo, la hora del cuento. ¿Eso ya no existe, no? Y luego pasé a primero de secundaria en el Juana Alarco de Dammert, que era compartir la carpeta con tres personas… Yo sentía que mis padres me habían puesto ahí un poco como castigo. No me gustaba. Nos obligaban a rezar, fue una bronca vivir esa etapa escolar.

¿Qué influencia tuvo tu papá en tu vida?

No se si él o la figura de mi abuelo: creo que ambos me sembraron el amor por la lectura. Ellos son los referentes más fuertes que he tenido. Sus mensajes eran tú, como mujer, no la vas a tener fácil en esta sociedad. Porque no se trata de conseguirte un marido que te arme la vida. Eres la mejor o eres la mejor. Despabílate, hijita.

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¿Ahora cómo procesan tus padres que su hija hable sobre sexo? ¿Escuchan tu programa en Radio Capital?

Ahora me adoran. Nos reímos y la pasamos bien. Ya lo entienden, y si a veces no escuchan es por la hora, pues deben dormir. Al principio era raro. Recuerdo que antes de que mi padre se jubile, un amigo del trabajo le dijo he escuchado a tu hija hablar de penes. Y mi padre llegó a la casa y me dijo ¿Por qué no has escogido hablar de otra cosa? No fue en un tono de reproche, sino sarcástico… Algo así como esto no va a ser fácil.

¿Pensaste que sería difícil para ti?

Yo creo que había decidido vivir como quería desde muy chica. No me interesaba lo que la gente pensara. Simplemente me rebelé ante muchas reglas, y estoy orgullosa.

¿Cómo llegaste a hablar en medios?

Recuerdo que en algún momento me pidieron hablar con jóvenes: primero fue en Radio Cadena, luego en Radio Santa Rosa. Probablemente tuve facilidad para desenvolverme. Entonces, por esa soltura, de Innpares me envían a todas partes a responder entrevistas. Ahí empiezo a hablar en medios.

Tú tenías un programa de sexualidad en Perú Net. ¿Qué tal eso?

Jesús Veliz me convocó para ese proyecto. Conversé con Harold Forsyth, que me explicó de qué iba y acepté de inmediato. Muy bonita experiencia.

¿Qué piensas de Era Tabú, que conduce Fernando Maestre?

Yo trabajé tres años con Fernando Maestre. Hacía la co – conducción en Era Tabú. Agradezco mucho al grupo RPP, porque me dieron la oportunidad de ingresar con un programa pequeñito en Ke Buena. Luego conduciría al lado de Fernando. Cuando él se iba de vacaciones yo respondía las preguntas y me quedaba a cargo del programa. Siempre he aceptado los nuevos retos. Pero él y yo teníamos ideas diferentes. Discrepábamos.

¿En qué, precisamente?

En nuestras ideas sobre las diferentes orientaciones sexuales. Supongo que era por la edad: él es una persona más adulta, con otra visión. Trabajar a su lado significó mucho, y gané experiencia. En algún momento sentí que el piso se le movía conmigo, y yo no sabía sí sentirme alegre, ja ja ja.

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¿Qué sucede en el café La Tarima?

Ya he cumplido un año con los “martes femeninos”. Un día me invitaron a una entrevista para el programa Al Sexto día y me dijeron que sería en La Tarima. Y a las semanas me llama el dueño del local a decirme aquí vienen muchas mujeres, he visto la entrevista y es muy simpático hablar de temas sexuales o de temas afectivos. Sería una hora dedicada a ellas. Que se tomen un trago y que se desarrolle un espacio para mujeres.

¿Tú le dices sí a todo, no?

Ja ja ja. En la medida que sienta que es positivo, no solo para mí sino para otras personas, lo tomo.

¿Qué te gusta de tu trabajo en la radio?

Conversar con las personas en tiempo real. A veces reniego, pero en buena onda. Solo que tienes llamadas de chicos que me dicen ¿qué días puedo no usar condón? Entonces sonrío y me exalto. Hay demasiada desinformación sobre métodos anticonceptivos, y muchas chicas siguen creyendo que las píldoras anticonceptivas engordan. Si la chica no tiene la menor idea de cuando menstruó, no puede cuidarse con el método de la abstinencia periódica.

¿Cuál es la pregunta más frecuente que realizan las personas cuando llaman a tu programa en Radio Capital?

En el caso de los hombres, el tamaño del pene y la eyaculación precoz. En las mujeres se repite el tema de no conocer su vagina: no se tocan, no quieren conocerse pero se quejan. No hay una cultura sexual de penes y vaginas. Por eso deben regresar las campañas médicas que briden información.

¿Qué está ocurriendo con la prevención sexual?

Se tiene la idea de que hablar de temas sexuales es incentivar al inicio irresponsable de la vida sexual. Y por eso los embarazos adolescentes: porque lo jóvenes no se acercan a preguntar, por vergüenza. Se tienen que desarrollar campañas, hablar y no callar. Por eso siempre hay mujeres que llaman a insultarme, para preguntarme por qué estoy hablando de esas cosas. Nunca me llaman hombres a insultarme, siempre llaman mujeres a decir perra cochina, ¿qué haces hablando de sexo?

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Si le cuentas a una amiga que quieres tener más sexo te critica. Si se lo cuentas a un amigo te aplaude.

Es por la educación sexual que hemos venido recibiendo. Yo aún tengo padres que vienen a la consulta y me dicen yo no quiero que mi hijo sea maricón, doctora. Tiene quince años, ¿y si lo llevo a un sitio a que debute? Eso yo lo veo una vez a la semana. Entonces yo pregunto y usted tiene una hija de esa misma edad ¿no? ¿Y ya ha tenido relación? Me dicen que no. Entonces, ¿por qué ahí no se preocupa que sea lesbiana?

¿A partir de qué edad se les puede hablar de sexo a los hijos?

Desde que te pregunten. Los padres siguen creyendo que eso es algo que deben hacer los profesores. Y los profesores dicen que es algo que deben hacer los padres

¿Se puede aprender de sexo a través de la pornografía?

Ahí hay una distorsión inmensa. Una frustración grande, sin duda. Yo me pongo a pensar, a ver, si yo hubiera sido hombre, después de ver a un tipo que se tira a dos mujeres sin parar, tiene un pene de 24 centímetros y eyacula un litro de semen… Luego voy al baño y veo mi pene de trece centímetros, que eyacula una cucharita, me voy a sentir mal conmigo mismo. O llaman los caballeros a decir que sus mujeres no gozan. A ver, ¿cuál es tu referente? pregunto. Es que vi una película, me dicen. Sí, claro, pero ¿tú tienes el pene de ese actor? Entonces si no tienes no pidas. Los referentes son totalmente malos, y los hombres viven obsesionados con el tamaño de sus penes. Con el tema de si eyaculan o no precozmente. De repente dicen muy preocupados que solo aguantan ocho minutos en la cama, y yo digo ¡ocho minutos no está mal! Ellos creen que deben durar cuarenta minutos, ja ja ja.

¿Te imaginabas que ibas a crecer de esta manera?

Siento que aún no he crecido lo que quiero. Me siento feliz con lo que he conseguido, y creo que así será siempre.

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.