La Calata Culta Viernes, 8 mayo 2015

Guillermo Giacosa: “Lo más importante es no tomarse en serio”

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.

A Guillermo Giacosa lo vi por primera vez en un programa de televisión llamado Mapamundi, hace años… En ese tiempo a mí no me gustaba la cultura, yo quería ver dibujos. Le decía a mi mamá ¡Cambia de canal y sácame a ese señor argentino! Y luego pasaron los años y lo conocí, porque Guillermo presentó el libro “Un sol que en invierno”. Yo estuve en esa presentación, en ese momento lo abracé pero estaba disfrazada de Bob Esponja y él no me vio (de verdad). Luego lo leí en Peru21 y quedé enamorada de su manera de ver la realidad. Hace poco estuve sentada en su sillón, con una cerveza en la mano, escuchándolo hablar sobre el presente, sobre la vida y sobre su mamá. Fue una mañana preciosa.

¿Qué te disgusta?

Lo que más me disgusta es obedecer y lo que menos me gusta es mandar. Yo no sé mandar, ni obedecer, ni competir. Yo no mando a nadie. Yo, a los chicos que trabajan conmigo, no les pago. Ellos han tenido mi tarjeta de crédito para que la usen según la necesidad. Ahora estamos muy jodidos así que no es “la tarjeta”, es “la plata”, ja, ja, ja. Ellos gastaban lo que necesitaban, nunca hemos tenido problemas de plata. Desde hace 17 años usamos el mismo método. La plata está ahí para quien la necesite. Y eso es raro, ¿no?

¿Y por qué piensas así?

A mí, de chiquito, mi mamá me enseñó algo. Yo jugaba con un juguete y venía un amiguito y le gustaba mucho mi juguete. Mi mamá veía eso y se daba cuenta de que el amiguito estaba muy entusiasmado con mi juguete y me decía Guillermito, ¿por qué no se lo regalás? Y yo se lo regalaba. Y mi papá apoyaba esa postura de mi mamá… Para mí lo común era regalar. Y yo tengo la tara del regalo. Si me dicen Algo me gusta mucho de tu casa, digo Llévatelo. Salvo un libro de El Quijote que se ganó mi mamá en un concurso de literatura hace 70 años y lo quiero mucho. En ese tiempo mi mamá tenía 16 años. Ahora, también me gusta que me regalen: no me molesta en absoluto, ja, ja, ja.

Tu mamá posiblemente te diría Regálalo, Guillermo

Posiblemente. Pero ese es el único recuerdo que tengo de ella, y no lo regalaría. No estar pegado a lo material es lo esencial.

¿La gente quiere trascender?

Uno trasciende cuando no quiere trascender, precisamente. Cuando uno se entrega a los demás, la gente te quiere. Ahí está, ahí vas a seguir viviendo, a través del amor de la gente. Creo que lo más importante es no tomarse en serio. Nunca me he tomado en serio.

¿Cuáles serían tus virtudes más fuertes?

Yo cuento una anécdota: hace un tiempo, en un barrio obrero hacía alfabetización, asistencia médica, y era vecino del barrio. Y simultáneamente tenía un cargo en la UNESCO: era asesor del director general de la UNESCO, y eso me permitía viajar cuatro veces al año a Francia a ver temas de juventud. Y yo en esa época trabaja también en la televisión. Vivía en un barrio obrero con calles de tierra, trabajaba en la televisión y viajaba 4 veces al año a París. Era un personaje medio raro, ¿viste?

¿…y tu virtud?

Entonces un día me dicen que… ¡Se me fue la idea, hice tantas asociaciones! La memoria inmediata en los viejos falla a veces. ¿Qué es lo que te quería decir? Ah sí, entonces un día ya había vuelto el general Perón, estábamos en plena euforia, y hubo elecciones y ganamos nosotros. Y un día viene la gente del partido y me dice Guillermo, vos sos el candidato número uno a la dirección de cultura. Yo decía Totalmente lógico. Me pareció normal que me nombraran porque tenía una formación, me parecía linda la idea ser secretario de cultura. Pasaron diez días y nadie me llamó. Y viene el mismo tipo que me dijo eso y me dice No te nombraron. ¿Ah, no? ¿Por qué no me nombraron? digo yo, un poco sorprendido. Por dos razones: primero, porque no sos ambicioso, y una persona que no es ambiciosa no puede hacer política. Y segundo, porque eres demasiado honesto. ¿Qué tal?

¿Y cómo te sentiste?

Me sentí como descubriendo la cara oculta de la política. Todo en un ambiente de amigos, claro. Y ellos, la gente del partido, me usaban mucho porque cada vez que tenían problemas con otro partido político me mandaban a mí a conversar. Como yo escuchaba y era muy tolerante, siempre se arreglaban las cosas. Era un buen negociador. Pero, te digo, me quedé sin ese cargo… y es un cargo que hasta el día de hoy me gustaría ocupar, porque me parece precioso poder hacer cosas por la cultura.

Entiendo. ¿Qué significa ser ambicioso?

Tener ambición significa enfrentarte con otros seres humanos. Yo no soporto el conflicto, yo vivo en paz o me muero. Cuando me echaron de Perú21 me acusaron de plagio: cuando yo leí plagio era como si me hubiesen dicho que yo era joven, gordo y negro. Si me decían eso me hubiera parecido más lógico. En mi vida se me había ocurrido la idea de plagiar, jamás. Lo que yo quería hacer era, precisamente, tomar ideas de la derecha. Por eso las ponía dentro de comillas, y citaba, para que la gente de la derecha reaccionaria del Perú se diera cuenta de que había una derecha inteligente. Me quedé absolutamente absorto con el tema del plagio. Pero, ¿qué paso? Si yo entraba en esa disputa me moría, porque te da mucha rabia. Era muy absurdo, muy injusto. Iba a llenarme de odio. Esas son las emociones destructivas. Y me pregunté ¿Vale la pena destruirse uno mismo porque quieren destruir tu imagen? Los que quieren destruir mi imagen que lo intenten: si la destruyen, la destruyen, me importa un carajo. Porque la gente que te quiere te va a seguir queriendo, y la gente que no te quiere no te va a querer por eso. Así que no dije una palabra. Mi confianza en mí mismo estaba intacta. No me había defraudado. Para mí lo importante es mirarme todos los días al espejo y decir No la cagué. Soy una persona que vive tranquila, mira dónde vivo, yo digo Soy el caviar de Breña.

Vives como un rey.

No, pues, no digas eso, ja, ja, ja. Van a pensar que es una casa de lujo. Esta es una casa modesta, con buen gusto. Es linda la casa, todo lo que tengo es regalado y canje.

¿Y esos gallos?

Eso es de un gran artista chileno que se dedicaba a hacer móviles, y ese fue mi regalo de casamiento a mi hermano menor. Son preciosos. Después, esta escultura: mi negrito, es un regalo de los presos políticos de San Juan de Lurigancho. Cuando me lo entregaron me emocioné muchísimo.

¿Consideras que tienes suerte?

La ley de la causalidad. San Francisco decía Dando es como se recibe. Y es verdad eso. Yo te digo, no estoy apegado a nada y tengo suerte. Hace poco tuve que vender mi biblioteca, no tenía plata. Vendí 2.000 libros y no me pasó nada. Regalé 1000. Y me hicieron reportajes en Caretas y en varias revistas. Me decían ¿No siente tristeza? Y yo di una explicación que me parecía tan sensata: mira, hay momentos en la vida en que cuando se va de viaje se hacen valijas, y hay momentos de la vida, más avanzados, en los que cuando uno se va de viaje deshace las valijas… Y ese es el momento en el que yo estoy ahora, tengo 75 años. ¿Me voy a poner a acumular cosas a los 75 años? ¿Me puedes explicar para qué? ¿Vos sabés la sensación de libertad que me daba vender a 15 soles cada libro, a precio cómodo? Después le regalé 1.000 a las escuelas. Si tú deshaces equipaje, cuanto menos tienes es más fácil partir.

¿En qué consiste la causalidad?

Eso de la causalidad para mí es impresionante. Te lo explico así: yo tenía un criadero de gallinas, y para mí eso era el Edén. Yo tenía 20 años y me había ido al campo a criar gallinas.

¿Te gustaban las gallinas?

No, no es que me gustaran las gallinas. Un señor muy rico me contrató, me dijo Mi hijo es un idiota, ¿no te gustaría poner un criadero de gallinas? Yo lo financio. Sí, le digo. El señor me presentó a su hijo el idiota, y nos fuimos al campo a trabajar. Y resulta que el pibe no era un idiota: tenía un padre que era un idiota. Era un chico súper inteligente. Fue un trabajo maravilloso. Yo me fui con Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, con Rabindranath Tagore, con Camus. Yo me fui con toda la literatura, y este chico nunca había leído. Yo me sentía feliz, porque me encanta enseñar y yo veía como él aprendía. Le hice descubrir un mundo. Había caballos, una chancha, una perra, una gata y dos machos humanos. Y nos divertíamos como locos. Una vez por semana nos íbamos a Rosario, a una juerguita. Y en una de mis vueltas a Rosario visité a mi mamá, recuerdo que me dijo Guillermito, hay una beca para estudiar educación para adultos en Puerto Rico, ¿no quieres ir? Es una beca de la Unesco. No, vieja, estoy tan contento con esto… Mi vieja siempre respetó mi felicidad. Y, bueno, pasaron tres meses y un día, sin que haya ninguna razón, el señor decidió cerrar el criadero y para mí fue como si me hubieran echado de las puertas del paraíso. Eso fue un viernes. Pasó sábado, domingo. El lunes volví a mi casa: llegué muy temprano, mi madre estaba acostada, y le expliqué lo que había pasado. Y mi mamá me dice Esperá un minutito y la llama a Albina. Albina era nuestra cocinera, nuestra ama, la adorada de la familia. Y le dice Albina, cuéntele a Guillermito de su sueño. Y Albina describió lo que yo estaba contando, exactamente así como lo había contado. Dos días antes mi tía Nenina, que era vidente, había llamado a mi madre. ¿Qué pasa con Guillermo? No, nada, decía mi madre. Todos estaban preocupados. A lo que iba: el lunes, totalmente triste, echo bolsa. Llega el martes y mi madre me dice Guillermito, hay una beca de la Unesco para estudiar participación de la juventud en desarrollo en África y en Europa. ¡Claro que sí, esta beca es para mí!, dije yo. Terminé de almorzar y la llamé a Chelita, mi prima, que era mi compinche. Le conté, Chelita, el año que viene me voy al África. ¿Ganaste una beca? me dice ella. No, todavía no la gané, pero la voy a ganar. Y empecé a estudiar francés, me preparé para recibir la beca. El día que llegó la beca no me causó ninguna admiración. Estaba seguro de que la iba a ganar. Era una beca para toda América del Sur, y yo sabía que la iba a ganar.

¿A qué se debía la seguridad?

¡Es la seguridad por un lado, y por el otro lado es el conjunto de acontecimientos! ¡Si a ese viejo loco no se le hubiera ocurrido cerrar el criadero de gallinas, yo creo que hasta ahora estaría envolviendo huevos! No existe la casualidad.

Con Roberto Del Águila y Carlos Bejarano, en la época del programa de TV “informalísimo”, que se transmitía por Canal 7 a mediados de los 80.

Salud, Guillermo. No sabía si tutearte…

Salud, Leslie. Es una cuestión de espíritu. Y, descuida, tutéame todo lo que quieras, yo me siento como un chico. A mí no me asombra nada. No me molesta nada. Un tipo me decía Soy pastelero, yo robé. Y yo le decía Y, qué interesante, contame, ¿cómo es? Me contaba cosas que eran realmente divertidísimas, Vos debés plasmar esa experiencia, le decía. El hecho de ser escuchado, respetar al otro, puede significar mucho. Saber que son historias diferentes. Saber que cada uno percibe el mundo de manera diferente.

A mí me pasa que con los olores recuerdo mejor la vida. ¿Qué olor es tu favorito?

El primero de los sentidos es el olfato. A mí me pasa con el olor a tierra mojada: lloro. Porque es mi infancia, toda mi infancia está ahí. Hasta de hablarlo lloro. Porque yo puedo llorar cuando quiero. Yo lloro en cualquier momento.

Somos unos llorones…

Eso es fantástico. Yo te digo que me emociono y ya me emociono de saber que me emociono. Soy un imbécil total. Me emocionan cosas pequeñas. Por ejemplo, esta mañana salí a comprarme mi jugo de naranja y había un chiquito parado en la esquina, de un año quizás, con toda su ropita blanca y su carita luminosa. Y me miró como si me conociera de toda la vida. Lo miré y le guiñé el ojo. Y cuando te lo cuento me emociono otra vez y ya estoy llorando: eso es la amígdala cerebral.

Guillermo conduce actualmente el programa “Noche abierta” en Radio Capital. Foto: Cortesía Grupo RPP.

¿Por qué es importante vivir el presente?

Gandhi decía Hay dos días que no existen, ayer y mañana. Si tú entiendes eso entendiste todo, vives hoy. ¿Por qué? Porque si no vives hoy, toda tu energía está puesta en lo que te va a pasar mañana o en lo que te pasó ayer, mucho recuerdo o mucha ansiedad por el futuro. Y eso te cagó todo. No puedes poner la energía ahí.

Yo no he meditado, ¿tú?

Quizás sí has meditado pero no te has dado cuenta, eso es muy posible. Un ejemplo: yo fui asesor pedagógico en un seminario que hizo la Unesco en el Cusco. Y un día estábamos en el convento de san Blas, era de noche y seguíamos trabajando. A la gente se le veía agotada, entonces les dije Váyanse. La gente se va, me dejan solo en el convento de san Blas. Termino de trabajar y comienzo a caminar hacia la puerta. Y de golpe me quedo parado. Esto es algo que no puedo explicar. Sentí que algo absoluto pasaba por mí. Y estuve así durante dos minutos, quizás fueron más, no sé.

¿Cómo describirías la experiencia?

Eso sería estado de meditación, dicen. Meditar es estar entre el pensamiento que acabas de tener y el pensamiento que está por llegar. Entonces, en ese intersticio, meterte tú. Pero no se hace pensando, se hace viviendo. Tagore decía que ese es un estado de gracia: es el momento en que la inspiración y la respiración de Dios pasan por ti. Es precioso, ¿no?

Si a las personas les pasarán más experiencias de ese tipo serían más felices y por consecuencia más productivas, creo.

Lo que pasa es que cuando tú eres feliz haces felices a los que están a tu alrededor. Acá hay cosas que tienen que ver con la ciencia. Cuando tú sonríes haces que la persona que está contigo sonría. Siempre. Eso se llama “neuronas espejo”. Cuando sonríes, mueves los músculos orbitales y haces que el cerebro produzca oxitoxina, dopamina y endorfinas. La gente no sonríe porque es feliz, sino que es feliz porque sonríe. Es la sonrisa la que trae la felicidad.

Entonces, si los jefes comenzaran a sonreír, ¿los empleados trabajarían contentos?

Eso es lo que explicamos en los cursos de clima laboral. Yo les digo Ustedes están perdiendo parte de su capital por su cara de culo. En un banco me invitan a hacer una conferencia, yo le pregunto al jefe ¿Tú eres un buen tipo? Si me dice Esteee, a veces no, eh, pero sí entonces podemos trabajar. Si no, no vale la pena. Si yo tengo un jefe que es una mierda, va a hacer mierda a todos. Tú puedes saber de empresariado y de gerencia, tanta huevada que hablan hoy en día, pero si no entiendes cómo funciona el alma del ser humano estás jodido.

Una muestra del espíritu curioso de Guillermo: pidió que su reciente operación de cataratas fuera registrada en un cortometraje.

No joder a la pareja es una actitud sabia, ¿no?

Tú, como mujer, debes reconocer que el hombre es un animal distinto. Tienes 800 óvulos que ya están hechos y los lanzas al mercado una vez cada 28 días. Y tu pareja produce 20 millones de espermatozoides por centímetro cúbico. Y los chicos siguen produciendo espermatozoides, incluso yo. No sé para qué mierda quieren que un viejo de 75 años siga produciendo espermatozoides. No tiene sentido, pero es así. Esa carga biológica inmensa del macho hace que sea irresponsable, porque el que tiene mucho derrocha. El que tiene un ovulo, ¿qué hace? Lo guarda, lo venera.

¡Por eso la mujer guarda su himen! 

Exacto, y por eso conocerse es importante. “Amarse es lo más mejor”, como decía la gente de mi pueblo. A mí en este país me quieren como mierda. Cuando vienen a los talleres que dicto yo le digo a Obed, que trabaja conmigo y es como un hijo para mí, Creo que la gente me quiere, ¿no? ¿Quién no te quiere? me dice él. Y es cierto, porque yo los quiero. La gente es contigo como tú eres con la gente. Si tú eres amoroso con la gente, la gente es amorosa contigo. Incluso la agresión es un intento de comunicación.

¿Con tanto piropo, nunca te la creíste?

Mi mamá me ponía en mi lugar siempre. Era divina mi vieja, un ser humano de otro planeta. Pero después mi situación fue muy dura. Porque yo milité en política: yo tenía una ONG donde trabajábamos en cosas sociales. Cuando tú trabajas con los obreros e indígenas, tomas conciencia de la realidad. Y muchos se pasaron a la guerrilla. Yo tengo 13 amigos asesinados. Nosotros nunca lo hicimos, porque considerábamos que la guerrilla no era la solución… Eran chicos fantásticos. Y cuando tú tienes tantas pérdidas y te tienes que ir de tu país –yo fui prohibido de por vida en los medios de comunicación– entonces, tú tienes dos posibilidades: transformarte en un hijo de puta o ser una persona mejor. Asimilar todo eso, encontrar un sentido y seguir trabajando. Y bueno, estoy contento con eso. Yo siempre digo Soy un idiota, nunca me alcanza la guita para vivir. Nunca me prepararon para eso. Pero estoy contento conmigo mismo. Y vivir en paz, Leslie, es lo más importante.

Cuando dejas de juzgar vives mejor. ¿Cómo fue la relación con tu mamá?

A los 16 años me fui de mi casa. No creas que había una relación tipo Edipo entre nosotros. Con mi vieja éramos amigos. Nos tomábamos dos botellas de vino entre los dos, y charlábamos y decíamos Otra botella más. Nos íbamos a dormir la siesta queriéndonos como mierda. Mi mamá estaba contenta desde que se levantaba hasta que se acostaba. ¿Te imaginas cómo es eso?

Puedo imaginarlo.

Salud.

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.