La Calata Culta Viernes, 14 agosto 2015

Jorge Irribarren: “La gente prefiere no saber de manera pública lo que acepta de manera escondida”.

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.

El libro tiene también un fanpage

Fui al departamento de Jorge Irribarren a conversar sobre su libro, una cosa muy seria. Y resulta que me abrió la puerta y me recibió con la toalla hasta la cintura, una especie de sex symbol con canas. “Mañana me estoy yendo a Alemania”, me dijo (esta entrevista fue hecha hace unas semanas). Muy sonriente, me pidió que lo esperara un ratito. Yo me quede ahí, sentadita, pensando que estaba a punto de conversar con un sommelier y empresario muy exitoso. Cuando volvió a salir nos pusimos a conversar sobre su faceta como escritor. Este año ha publicado su primera novela, “Días de Juerga”. Me gusta porque no se guarda nada. De verdad.

Jorge, ¿cuándo empezaste a escribir? ¿Qué hacías antes?

Tal como lo digo en el prólogo de la novela, el primer intento fallido fue en el 2001, y de allí por casi 13 años replanteé la novela mentalmente para así animarme a volver a escribirla entre el 2013 y el 2014. Siempre he sido aficionado a la literatura, y la he mantenido en paralelo con mi profesión de ingeniero y mis actividades empresariales. No me he atrevido aún a “ponerme en manos del destino”. Menciono esto porque una vez el poeta César Calvo le dijo al entonces estudiante Rodolfo Hinostrosa: “Yo he dejado todo por la poesía… Ser poeta es ponerse en manos del destino…”.

¿Qué te hizo tomar la decisión de escribirla?

Ha sido un reto personal. Buscaba coronar esa afección a la literatura con algo tangible, que sea importante para mí y diga mucho de lo que soy. Pero eso no lo logré sino 13 años después de tomar la decisión de llevar a cabo el proyecto. Pienso que me ayudó mucho el saber que mi esposa estaba embarazada. Fue como el momento oportuno para cerrar un capítulo de mi vida. Hija y libro: concluía entonces una importante etapa.

En la novela escribes desde el punto de vista de una chica, ¿qué tal eso? 

Ha sido lo más lúdico y uno de los mayores retos de la novela. Me ha encantado hacerlo. A mí me fascina conversar con las mujeres. No soy de los que van al sauna con los amigotes, ni salen a “chupar”, o al fútbol/fulbito, odio la compañía masculina (con el perdón de mis amigos), pero es la verdad: los tolero poco. Me entusiasma mucho más hablar con mujeres. Aprendo de ellas, y es así que me resultó muy fácil encarnar a dos personajes femeninos: Andrea principalmente. Priscila también fue un reto, pues ella es en un principio bisexual y luego lesbiana confesa.

¿Esperas la inspiración para escribir o escribes nomás?

De hecho, la inspiración es lo mejor que a un escritor le puede pasar, pero en mi caso trato de ser más disciplinado y me siento a escribir así no tenga nada en mente. Pienso que normalmente esa inspiración llega con el deseo de empezar a escribir.

Días de juerga es una novela cruda. Habla de sexo, drogas y prostitución. ¿Sentiste vergüenza escribiéndola?

Es un punto interesante. Me lo he preguntado muchas veces. La verdad, no he sentido nada de vergüenza. Creo que la novela es franca y narra la vida como en ciertas circunstancias es. La gente muchas veces prefiere no leer o ver o saber de manera pública lo que acepta de manera privada y escondida. En Lima es típico el uso de eufemismos, algo que Días de juerga no posee. Fue una decisión personal de la que no me arrepiento: al contrario, me siento muy satisfecho. Sin embargo, sí me he puesto a pensar en lo que algunos allegados puedan pensar o sentir, y allí sí me he solidarizado con la posible vergüenza que ellos podrían sentir. Sobre la vergüenza, hay tres películas que me hicieron decir “si ellos lo han hecho, ¿por qué yo no?”: Viólame, La vida de Adèle y Christiane F. De otro lado, me gusta lo que dijo Oswaldo Reynoso una vez: “En mis primeros años fui ninguneado, y si no hubiese vivido tanto, me hubiese privado del reconocimiento”.

¿Qué es lo que más te ha costado en este proceso literario?

La parte de la edición, sin duda. Me fue difícil descubrir el mundo de las editoriales, pero lo hice, y tomé la decisión de ser yo el co-editor, conjuntamente con editores contratados. Cada vez que releo la novela pienso que podría mejorar la edición.

¿Qué es lo mejor y lo peor que te han dicho de la novela?

Un amigo me envió un e-mail: “Hace tiempo que pensaba en escribirte y decirte lo mucho que había disfrutado tu libro. He saboreado varios de los capítulos, y revivido parte de mi vida a través de ellos… Lo leí en dos días”.

Me desubicó un poco el comentario de un periodista. Me dijo que el director de la sección cultural de un diario le dijo “eso no es literatura”. Me hubiese encantado preguntarle, “¿entonces qué es?” Pero en fin. Basta con ver libros como Duque o En Octubre no hay milagros, que en su momento fueron ninguneados y/o anatemizados, y que hoy, luego de muchos años, son venerados y reconocidos como grandes libros. En Lima disgusta lo frontal y solo el tiempo lo suaviza. Una pena, por supuesto.

Alguien a quien no conozco posteó: “El título sugiere un texto lleno de fiestas, derroche, y lo tiene, sin embargo, percibo a este libro como una gran reflexión, sobre el amor (que a veces no se da como esperamos), el dinero, el esfuerzo, la madurez, nuestra comida, nuestros lugares y con ello hasta sobre nuestra peruanidad. Lo disfruté mucho”.

¿Piensas seguir escribiendo?

Definitivamente sí. Ahora vivo en Alemania, así que una vez insertado en alguna rutina laboral, me daré el tiempo para escribir una segunda novela. Ya la vengo elaborando mentalmente.

Ahora que estás retirado de la vida de juergas, ¿qué es lo que más extrañas?

¿Y cómo sabes que estoy retirado? ¡Ja ja ja! Pues bueno, sí que lo estoy. Este libro fue mi mejor despedida. No sé. Echo de menos la libertad, el tener menos responsabilidades, el poder juerguear ilimitadamente…

¿Qué es lo que más te importa, ahora?

Mi hija y mi nueva vida en Alemania junto con mi esposa (a quien le dediqué la novela: “A Vera”).

¿Has perdido el idealismo del pasado?

Pienso que los ideales de las personas van cambiando, o en todo caso, evolucionando. De niño quería ser millonario. Y de adolescente, político (pensando que era un medio de hacer dinero: primer nefasto gobierno de Alan García). En mi temprana juventud (gobierno de Fujimori), un gran empresario. Sin embargo, con el tiempo fui aprendiendo que esas vidas no son las mejores. Y luego de estudiar filosofía griega, supe que esas vidas son sinónimo de infelicidad. Los recursos son importantes mientras sean un medio para satisfacer necesidades y luego hacer lo que realmente queremos.

Lo importante es hacer lo que a uno le haga feliz, al menos por un ratito. Si lo haces con dinero es un poco tonto. Y si logras hacer de tu vida cotidiana una serie de momentos felices, verás que el dinero carece de valor. Allí tienes mi ideal actual: busco directamente mi felicidad en cada acción.

Entonces, ¿crees en la felicidad?

Por supuesto. La felicidad como ideal de vida. Como meta suprema. Entendiendo esta como un estado sublime del alma, como un cúmulo de sensaciones positivas que hacen que nuestra alma sienta que vale la pena seguir viviendo. En Días de juerga no pierdo oportunidad de hablar de ello, como por ejemplo:

“…Todo lo que hacemos lo hacemos para experimentar lindas emociones, y así, cuando las encontramos, la vida se vuelve más bonita”.

Ó

“…Una vez chateando Piero y Andrea convinieron en que la mejor vida es aquella cargada de sensaciones bonitas y duraderas…”

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.
Secured By miniOrange