La Calata Culta Miércoles, 2 septiembre 2015

Sí a la vida, en la esquina me bajo.

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.

Ilustración: Paulo Rocker

Esa noche la combi no venía. Necesitaba llegar a Angamos con Arequipa y mi corazón hacía pum pum. No tenía para pagar un taxi. Mentalmente me preguntaba ¿Cuándo vas a sacar el brevete? Esperando terminé de leer “Todo termina esta noche”, el libro de Johann Page. Para mí el mejor cuento de ese libro es Patrimonio. No es explícito, no hay lugares comunes, me creo sus diálogos. Y claro, te agarra al sentimiento. Me recordó cuando iba con mi papá a visitar al abuelo al cementerio, y luego nos íbamos a la playa San Pedro. Yo no me quería meter porque decía Qué sucio está ese marcito. Parece que fue ayer todo eso, y Patrimonio te puede hacer llorar. Recuerdo el momento en que terminé de leerlo: observé mi bota por largos minutos y me dije Ese Page, ¿no?

Pasó una combi y me subí rapidito. Le pagué con una moneda de un sol y recibí mi boleto. Me sentía inquieta. La combi avanzaba y yo me preguntaba ¿Y si me bajo? Para calmarme, comencé a cantar una canción en voz baja, Aunque no me lleven a ver a Mickey Mouse o al pato Donald. Eso no es problema, eso no es vital, lo único que queremos es que no nos traten tan mal… Lo que queremos es cariño para siempre estar feliz.

Estaba retrasada una hora. De repente debía bajarme nomás. Afuera estaba lloviendo y yo observaba mis pantis rotos. Me hubiera gustado ser niña, para ir corriendo y treparme a un árbol en medio de la lluvia. En la radio un locutor de voz nasal, llamado Chiki, aconsejaba en amor a una muchacha confundida. Yo ya no estoy confundida, yo sonrío y le digo sí a la vida, en la esquina me bajo.

Quería entrar rápido y meterme debajo de su colcha, pero no sabía si él seguía ahí. Toqué su intercomunicador y esperé. Luego de un rato escuché su voz diciendo ¡Recién!

Me sentí más tranquila. Subí al departamento con mi sonrisa y acomodándome el panti, que se me había metido en la entrepierna. La puerta estaba abierta, la empujé y sentí un fuerte olor a eucalipto. Siento que he entrado a la casa de una bruja, dije en voz alta, y escuché su risa. Cuando apareció me dijo Oe, chibola, no seas irrespetuosa. Y nos reímos más. También nos besamos pero su boca estaba fría porque estaba comiendo un marciano de chicha morada. Estaban dando Hora de Aventura y él se puso a buscar una película porno. Me dio un poco de tabaco y me dijo Ve roleando. Sobre el escritorio había una Soho con Natalia Salas en la portada, así que la sostuve unos minutos para ver bien las fotografías. Él me dijo Vas a ver para rajar, segurito. Me dio risa cómo dijo eso. Nada que ver, esa chica me parece súper linda, le dije. Así que comencé a armar el cigarro sobre su chuchita y dejé de pensar.

Me gusta ver porno con él porque nos reímos.

La película que puso primero fue Suzie. A esa chica ya la habíamos visto algunas veces, y era mucha aventura para nuestro gusto. Yo le dije ¿Por qué no le pones nombre a los DVD para no estar en este plan de equivocación? Él se rio y me dijo No soy tan fan para ponerles nombre, eso es de loquillos.

He llegado tarde a mi casa y no tengo cómo entrar porque me olvidé la llave. Estoy en la vereda, esperando a que alguien asome por la ventana. Son las 3 am y a lo lejos escucho un automóvil corriendo y también unos gemidos, muy bajo: en alguna parte están tirando. Me arrecho un poquito, no sé qué hacer. No abren y hace frío. ¿Y si me voy? Tengo 50 soles en mi billetera y una ilusión. Me puedo ir a un hotel del centro de Lima, y por la mañana tomo desayuno en el mercado. Ahí, sentada con mi taza de café y mi pan con huevo frito puedo pensar bien qué hacer. Puedo tener una nueva vida, criar gallinas y leer por las tardes. Sembrar mi alimento y llamarme María. Quizás pueda conocer a una chica con falta de amor y que sea medio puta, la puedo convencer para poner un night club. Nuestro night club se puede llamar “La súper concha de Bob”. Y el lugar tiene que ser rosado, eso lo sé.

 

★ ★ ★

Comparto con ustedes el póster del taller de escritura de setiembre en Machucabotones. ¡Un saludo con todos!
-Leslie

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.
Secured By miniOrange