La Calata Culta Jueves, 17 septiembre 2015

Te van a tirar a tu perra por la cabeza

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.

Ilustración: Hajin Bae

Dos palomas han encontrado un pedazo de pan en la calle y se lo comen a picotazos. Una niña corre y patea el pan sobre un charco de agua. Las palomas aletean, el semáforo sigue en rojo, las palomas comen rápido su pan mojado. Yo que no he desayunado digo Tráiganse un pedacito para acá. Todo sucede allá afuera mientras el taxista me da su Trome y arranca. Tenga, señorita, vaya leyendo. Alza un poquito el volumen de la radio: ¿A qué iglesia va? Entiendo la pregunta, ya que en la calle donde voy hay dos iglesias. A ninguna, señor, solo voy a visitar a alguien, digo y le muestro el taper con la comida para Cé. El taxista hace una O con la boca y asiente, como quien se decepciona. Y al llegar a otro semáforo vuelve a hablar. Muy peligroso todo, señorita, tanto para el conductor como para el pasajero. Usted no se suba a un taxi pirata así nomás. Fíjese la placa, la cara también importa, porque si tiene corté acá, corté allá, eso comunica. Por ejemplo, hace rato un chico así, con pinta de reguetonero y chuzos en la cara me paró el taxi, pero yo dije no, acá no me arriesgo. Me pasé de frente. A mí qué cosa no me ha pasado, señorita. Hace un mes una chica, así como usted, se subió y se sentó aquí a mi lado, desde ahí ya sospeché. Así, con minifalda, se le notaba el calzón. Y cuando terminé de hacerle la carrera me dijo ‘No tengo plata, ¿cómo hacemos?’ ‘Págueme’, le dije. ‘Ya, pues’ respondió y se alzó la blusa, se bajó el sostén y me dijo ‘Dame una chupadita’. Yo la bajé del taxi y le dije ‘Fuera, sidosa de mierda’.

El taxista habla con esa intensidad que tienen las películas con doblaje español, la vive completamente. Saco el libro de José Carlos Agüero, Los Rendidos.

“Mis padres están presos, mis padres han sido detenidos, mis padres están escondidos, mis padres están muertos”. Explicaciones imposibles de ofrecer pero que podrían haber generado alivio, para dejar a veces de ocultar y actuar una forma precaria de normalidad. Para poder encajar.

Este Agüero me rapta. Sus palabras tienen cierta pureza, dan ganas de saber más.

* * *

Bajo del vehículo, le deseo buen día al taxista e ingreso al condominio. Saludo al vigilante: Elvis, se llama. La vez pasada le di mi número, cuando Cé salió de viaje. Si hay una emergencia me avisas, le dije. Y luego empezó a enviarme imágenes bíblicas por Whatsapp, cosas como La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado. Yo una vez le escribí Muchas gracias, pero ya no le respondo porque me llega al re-pirulí. Siempre agradeceré al universo que mis padres no sean católicos, ni evangélicos, ni de ninguna secta de esas. De hecho, mis padres solo tuvieron dos consejos para mí. Mi mamá siempre me dijo Lo más importante es ser buena persona. Mi papá me dijo Nunca te subas a una montaña rusa. Con esos dos consejos me ha ido bien por la vida.

Toco el timbre y oigo a la Allujo bajar ladrando las escaleras, ya me sintió. Sabe que su mamá ha llegado. Allujo es una perra peruana que compré hace dos años en el centro de Lima. Fue un 31 de diciembre, yo estaba comiendo anticuchos en el centro con mi papá. Habíamos ido a comprar platos y adornos de fin de año. Sabía que tenía que regalarle algo a Cé, algo importante, porque mis anteriores regalos habían sido muy artesanales, puras cosas hechas con mis manos. Entonces dije Un perro. Le pregunté a mi papá, ¿Dónde venden perros acá? Quiero regalarle un perro a Cé. Él me dijo Por acá, y nos fuimos al Jirón Ayacucho. Yo sabía que estaba prohibido comprar animales allí pero no me importó. En el camino recordé a la Lupe y al Nandito, los tuve conmigo solo seis meses, pero cuando uno es niño los días son más intensos. Mi papá salió de compras con mi mamá, y seguro se sintieron felices y compraron esos perros. Yo sabía que era muy raro tener dos perros así, de pronto. Algo estaba mal allí. Pasaron los días y sus potitos comenzaron a oler a maíz, eso me pareció raro. Yo le decía a mi mamá Sus potos huelen a maíz, pero no me hacía caso. Hasta que se murieron.

Jirón Ayacucho es algo parecido a un callejón. Muchos animalitos por todas partes, en jaulas o amarrados. Había gallinas, loros,  monos. Imaginé que decían Ayúdame a escapar, ayúdame conchetumare. Yo no sabía qué perro escoger y luego de ver varias razas… Perro peruano puede ser, dije. Me mostraron unos de color aceituna, con sus manchitas blancas, pero no estaba tan segura porque parecían medio alienígenas. Entonces el vendedor dijo Un ratito. Entró a la trastienda y salió con un animalito rosado, pelado, envuelto en periódico. Le quitó el periódico y me dijo Es hembra, ¿hay problema si es hembra?

Le pregunté a mi papá qué le parecía, y me dijo que si no le gustaba a Cé podíamos llevárnosla, para que fuera pareja de Rocco. Entonces la compramos. El vendedor me la entregó en una caja de zapatos, y todo el camino mi papá se reía y me decía Te van a tirar a tu perra por la cabeza.

* * *

Cé abre la puerta y me da un beso. Allujo se me trepa y ensucia mi jean con sus patas, que parecen de cabra, yo le doy un palmazo en el poto y le digo Váyase para allá, perra de mierda. Allujo siempre será mi pequeñita, así pese 30 kilos. Le pregunto a Cé si ha regado las plantas mientras voy calentándole su comida. Me dice que no ha regado nada, que ni se acordaba que tenía plantas, son muchas cosas a la vez. Dice que la casa le quita tiempo y él quiere escribir. ¿Como haces, ah? me pregunta. Yo lo observo y pienso Ay, este caviarcito, no está acostumbrado a hacer cien cosas a la vez… Así cómo va a cuidar a los hijos, cómo va a lavar mis calzones cuando la depresión de los treinta años aparezca. Tengo dos opciones: abandonar a ese hombre inútil o hacerme la loca.

Me quedo con la segunda opción. Cé tiene bonita sonrisa, y hace una rica sopa. Yo lo quiero, por eso le frío papas para que acompañe su comida y llene su barriguita mientras voy cantando Papi, te comiste mis papas, yo las compré, mías eran, te las comiste, te comiste mis papas. Y lloré y no me viste, papi acaso tú me amas. Ojalá y lo demostraras pues no se nota.

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Me tomo la libertad de compartir con ustedes el flyer del taller de escritura que estamos organizando. ¡Empezamos este domingo 16! Hay información del evento acá.

 

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.