La Calata Culta Miércoles, 11 noviembre 2015

Un poco nerds, pero la pasábamos bien.

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.

‘Yum’, de Harumi Hironaka.Óleo y acrílico sobre lienzo (50 x 60 cms).

La voz me dijo Tienes que darle su besito y ser cariñosa. Dile Papito, qué grande la tienes, huevadas así. Gimes un montón y ya está. Yo escuchaba y a todo decía Sí. Ya quería saber la dirección del hotel, y que se callara. Y para concha había salido el sol y estaba con una blusa manga larga.

Rakel regresó de la tienda. Se había ido a comprar una cajetilla de cigarros y una botella de agua.

–¿Qué fue? ¿Te llamaron?

–Sí, pero dice que me volverá a llamar para darme la dirección.

–¿Quién era, mujer o hombre?

–No sé, tenía voz de cabro.

Seguía haciendo calor. Le dije a Rakel para ir a una cabina de internet mientras tanto. No podíamos quedarnos sentadas quemándonos los hombros en una banca: pagué 1 sol 50 por una cabina y vimos un capítulo del dibujo animado Clarence. Rakel se reía y por ratos su saliva salpicaba mi antebrazo. No le dije nada porque ella podría ser Jeff y yo Clarence, y esa idea me daba tranquilidad. Porque la amistad tiene que ver con la risa. Se pasó una hora rapidito y luego sonó el celular, era esa voz de nuevo, diciéndome que el hotel estaba al frente del KFC de la avenida Arequipa, en Lince. Me decía que la habitación era la 503, y que en el cajón de la mesita de noche había 50 soles para la otra habitación. Porque tres personas no podían entrar juntas. Rakel estaba emocionada, era su primer trío, sacó de la mochila su frasquito de perfume y se echó en el cuello y yo paré un taxi que nos llevó al toque. Ella se quedó esperándome en la esquina del hotel, y yo entré. Llegué a la habitación, no sé si sentí miedo, igual abrí la puerta y a través de la puerta del baño vi la silueta de un hombre dentro de la ducha. Busqué los 50 soles en el cajón de la mesa de noche, y de pronto escuché que se cerró la manija del agua. Me quedé quieta y él sacó su cabeza y la mitad de su cuerpo estaba cubierta con una toalla. Me acerqué a darle un beso y le dije que ahorita subíamos. Él sonrió, parecía buena gente. Salí del lugar y no sabía qué hacer porque podría irme corriendo con Rakel y nos comíamos un KFC con la plata de la habitación o nos dejábamos meter pinga. También pensé Esta huevona ya se fue. Y comencé a putearla, hasta que me di cuenta de que estaba fumándose un cigarro en la otra esquina. Ella me hizo hola con la mano, para que viera dónde estaba. Me le acerqué y le dije ¡Pensé que te habías ido! Le di el billete, y ella colocó en mi mano unas gomitas.

–Sube, huevona y se la vas a chupar como te enseñé. Para irnos rapidito de acá.

Rakel se rio y me dijo Cállate, huevona. Eso no lo vayas a estar contando.

Le guiñé un ojo y le di una palmada en el poto, como para que se motive. Cuando subía las escaleras pensaba en mi amistad con Rakel. En nuestros días de colegio rellenando absurdos slams. Yendo a fiestas y fumando sin saber fumar. Recuerdo que a Rakel siempre los chicos le metían mano en las fiestas: yo tenía que estar atenta para que no le hicieran eso, decir Oye, ¿qué te pasa? En ese tiempo éramos unas chiquillas tranquilas. No estábamos pensando en fornicar, todo era Harry Potter y comer chups de fresa en el parque. Creo que fuimos un poco nerds, también. Y sin embargo la pasábamos bien.

Pero ahora, Rakel y yo hemos follado con un desconocido en un cuarto de hotel. Yo lo hice rápido y pensando en el Power Ranger verde. No me gustó, porque su cuerpo me parecía de niño. Por otro lado, Rakel olía rico, como a sauna. Mucho eucalipto, mucha salvia. A ella le gustó el desconocido. Es que a ella le atraen los hombres con rostros de bebé, por ejemplo, a ella le gusta Raúl Tola. Le gusta Lionel Messi. Y todo bien, era hacerlo y salir de ese lugar. En los breaks, cuando ya le había salido un poco de semen a ese arrecho, nos pusimos a ver las noticias en la TV. Nunca llegó a ser la gran cosa, y menos mal el final llegó. Cuando algo se termina es tan bonito. Nos cambiamos y le dijimos chau al muchacho y el huevón quería nuestros números. Rakel casi se lo dio, pero le metí un pellizcón bien fuerte. No hay forma de que eso suceda, hombre con cara de niño, pensé.

Nos fuimos a la otra habitación, corríamos por los pasillos del hotel. Nos sentíamos un poco locas, llenas de vida. Nos quedamos recostadas sobre la cama escuchando a Bruce Springsteen un rato. No hablamos de lo sucedido. Ya no queríamos saber nada de penes. Solo queríamos jugar unas fichas, como antes, en el pimbol Bam Bam de Miraflores. De pronto ella me dijo que había hecho queque de plátano. Sacó el táper de su mochila y me lo dio, le brillaban los ojos. El queque estaba medio crudo, pero igual me lo comí, no le dije nada. Ese día pensé Qué rico saben los hongos vaginales de Rakel con su queque de plátano.

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Amigos, me tomo la libertad de compartir con ustedes el siguiente video.

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La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.
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