La Calata Culta , literatura , noticias Viernes, 5 agosto 2016

Lenin Solano Ambía, un escritor que vende como cancha

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.

El otro día conversé con el escritor Lenin Solano Ambía (Lima, 1983), él vive en París y es profesor de literatura y solo viene a Lima en esta temporada de vacaciones. Lenin ha publicado 6 libros. Su primer libro de relatos se llama Carta a una mujer ausente y fue publicado en el 2008 con una editorial que no sé cómo se llama y que Lenin no quiere recordar, porque dice que le hicieron un mal trabajo (sacó este mismo libro con Editorial Arteidea, a la cual sí quiere recordar). Lo veo contento, parece ser un escritor entusiasta, vende más de 2.000 ejemplares por año a muchos escolares en todas partes del país. En el 2011 publicó su novela “No le reces a los muertos”, que ya tiene cuatro ediciones. Él no es un escritor que se queda sentado esperando a que los libros se vendan solos. Él se levanta, camina y vende. Ahora regresa con fuerza de la mano de Altazor con su novela El asesino de Notre Dame. Creo que podríamos darle una chequeada.

¿Dónde vives?

En París, desde hace 7 años.

¿Y tú has venido a Lima para presentar tu libro El asesino de Notre dame o para vacilarte?

Ja, ja, ja. Creo que ambas cosas. Vine para pasar mis vacaciones, para presentar a mi nuevo hijo literario y para tener esta entrevista contigo.

¿Qué enseñas?

Literatura española y latinoamericana, y español para los recién iniciados en el idioma.

¿Tus alumnos saben que publicas libros?

Sí, por supuesto. Muchos de ellos han adquirido mis libros por interés o por curiosidad.

¿Cómo llegaron las historias a tu vida?

Mi madre me regalaba libros, pero no sabía leer y yo quería leer. Por intuición trataba de saber lo que decía en el papel, tenía mucha imaginación. Y me esforzaba tratando de entender. Luego, desde la primaria concursaba en los juegos florales del colegio.

Ah, desde chiquito escribes.

Sí, aunque me tardé un poco en publicar.

¿A qué te refieres con qué te tardaste?

Yo creo que tenía la idea de publicar desde muy joven pero no me atrevía, porque en la universidad había visto cómo era ser un escritor profesional.

¿Cómo es un ser un escritor profesional?

El escritor profesional debe ser una persona seria con su trabajo. Es decir, yo no escribo solo cuando me viene la inspiración y de ahí me quedo callado durante 10 años. La idea de la escritura es fijarse un horario. Es decir, yo escribo de 4 a 6 pm todos los días, eso es un horario de trabajo. No solamente hay que mentir: yo cuando realizo una novela intento que el lector conozca la historia. Que vea el lugar. Por ejemplo, el Cementerio Pere Lachaise. Es un cementerio que existe. Es real. Yo me he pasado horas y horas yendo a ese lugar y pude contar al detalle cómo era.

¿Cómo hiciste para promocionar tu libro El asesino de Notre Dame?

Mi libro lo leen muchos escolares y profesores de colegios de todas partes. Muchas veces ellos solos hacen la promoción. A mí se me agota una edición por año.

Y tú publicas desde el 2008 casi un libro por año. ¿De dónde sacas el tiempo?

Aún no estoy casado, pues, Leslie.

Buena respuesta.

Tú tienes tus ocupaciones, ja, ja, ja.

¿Qué diferencia crees que hay entre un escritor francés y un peruano?

Creo que únicamente el espacio geográfico.

El asesino de Notre Dame es tu sexto libro, ¿cómo te sentiste en la presentación?

Muy contento, jamás pensé que la sala se llenaría de tantos amigos, ex alumnos y alumnos que en la actualidad leen mis libros en su plan lector.

¿Qué sientes que haces bien y mal al momento de escribir?

Bien: la documentación de un tema o conocimiento del lugar que voy a describir en la historia. Mal: en algunos momentos me quedo en blanco y necesito tomar un café, salir a pasear, leer algún libro para distraerme o simplemente echarme en mi cama.

 

 

En tus historias siempre hay un niño, ¿qué encuentras de atractivo en la infancia?

Es un tema que me gusta mucho. En toda novela o cuento incluyo la figura infantil y le creo una historia que muchas veces no es del todo feliz. Creo que esta influencia la tuve desde que leí muchos relatos de autores de la generación del 50, en especial los de Ribeyro y Congrains.

Me intriga algo, ¿por qué llevas a un payaso a tus presentaciones?

No es un payaso. Vamos a aclarar eso.

A Kiki.

Exacto, Kiki Saurio. Primero vamos a aclarar algo. Kiki es ingeniero industrial, sin embargo es un apasionado del arte. Le gusta la literatura. Él dice que es un poeta clown, un clown literario y siempre va con su nariz roja.

¿Y en qué momento sale?

Espera, pues. Lo que él hace es contar historias. Él aclara, Voy a demostrar que los payasos no solamente hacen reír. Eso funciona para los eventos porque mi público es juvenil y vamos a colegios todo el tiempo. Y es bueno porque transformas el evento formal en algo ameno.

Y tu libro No le reces a los muertos, ¿cuántas ediciones tiene?

Esa es mi joyita. Es el libro que más se ha consumido, este año ha salido su cuarta edición. Se venden 1000 libros por año.

¿A qué crees que se deba el éxito de este libro?

Yo creo que es porque es un libro policial. A los muchachos les gusta la parte de la investigación. Ese libro trata de un asesino en serie, es un fetichista de mujeres bajitas, gorditas y de cabello ondeado. Y siempre en los crímenes deja una bolsita de snacks.

¿De dónde sacas el material?

De repente mi mente está un poco perversa. Yo no sé. Me gusta mucho lo policial. Me gusta dibujar la historia.

¿Cómo haces al momento de crear a los personajes?

No le reces a los muertos fue un caso especial. A mí se me ocurrieron por cosas que viví. Por ejemplo, el primer asesinato de una profesora sanmarquina: sucede que en esos tiempos estudiaba una maestría en docencia y tuve una profesora que no fue muy buena, le puse su nombre. La describo tal cual y como fue. Algunas personas me preguntan Oye, ¿ella existió?

¿Y que les dices a las personas que te dicen Oye, Lenin, eso parece real?

Hay una historia dentro de No le reces a los muertos que es real.  Hay un niño maltratado y la gente me dice Oye, ese eres tú. Y yo digo No, es parte de la historia. Lamentablemente, la violencia es el pan de cada día. Estamos inmersos en la violencia. La gente cuando lee la historia siente que es parte de su vida.

¿Cuáles son tus expectativas?

Seguir escribiendo. Llevar literatura, diversión y al payaso, si algún día no se retira y se va a trabajar como ingeniero. Cuando le cuenta a la gente que es ingeniero nadie le cree.

¿Cómo quieres que se te recuerde?

Con mis dos apellidos.

¿Cuál sería el éxito de un escritor?

Que lo lean (empezando por la familia y amigos, ja, ja, ja).

 

***

NO LES RECES A LOS MUERTOS
CAPÍTULO I

El asesinato de aquella muchacha había conmocionado a todas las personas que vieron el cuerpo la mañana del 25 de diciembre. Nadie tenía certeza real de lo que había sucedido ni menos del cómo. No escucharon ningún grito o lamento, lo único cierto era que aquel cuerpo amoratado estaba tendido a las espaldas del Coliseo Amauta. Inicialmente pensaron que se trataba de algún ebrio que había estado tomando toda la noche navideña y que ahora había caído en la inconsciencia. Pero grande fue la sorpresa cuando se percataron de que se trataba del cuerpo sin vida de una infortunada muchacha a quien nadie creía conocer.

No hubo tiempo de tapar el cuerpo para que los niños no lo vieran, debido a que los adultos dormían plácidamente luego del desvelo de la Nochebuena. Los pequeños se habían levantado muy temprano para estrenar sus nuevos juguetes hasta que se escucharon los gritos. Muchos padres despertaron con los alaridos de asombro y al ver a la muchacha corrieron a sus casas en busca de periódicos o de alguna frazada que encontraron a la mano. En cuestión de minutos, el cuerpo había sido tapado por diversas sábanas, frazadas y periódicos. Los padres intentaron vanamente obligar a sus hijos a regresar a sus casas, pero ni las amenazas ni los tirones de cabello dieron resultados. Todos se quedaron rodeando el cadáver hasta la llegada de la Policía.

Casi media hora después de descubierto el cuerpo, y con todo el vecindario a la expectativa, la Policía llegó. No pudieron dispersar al gran tumulto de gente que se había reunido a las espaldas del Coliseo Amauta, sino hasta la llegada de más efectivos de apoyo. Recién ahí, se pudo colocar un cerco y alejar a las personas que empezaron a comentar el suceso entre ellos. Quien también llegó al lugar de los hechos fue el jefe de la Dirincri (Dirección de Investigación Criminal), general Luis Bustamante, quien se paseaba en torno al cuerpo y lo observaba al detalle. El general Bustamante era un hombre moreno, de cabello casi rapado y de contextura gruesa. No era obeso, a diferencia de muchos de sus compañeros quienes en sus años de servicio se habían abotagado de grasa. Él estaba muy seguro de que el oficio de policía se desarrollaba de mejor manera si uno cuidaba su figura. Ahora tenía un semblante muy preocupado. Miraba constantemente el cuerpo de la víctima y a los peritos que se encargaban de examinarlo. Estaba sudoroso, cosa inusual en él, pues siempre mantenía la calma en todas sus investigaciones. Pero a diferencia de los casos que había tenido en su vida, este era especial.

―Martínez, ¿de qué se trata ahora?
―Señor, el caso es idéntico.
―¿A qué te refieres?
―¿No lo ve, señor? Los médicos han examinado el cuerpo y la muerte es idéntica a la de la profesora Guillermina Roel, hace tres semanas.
―¿Estás seguro?
―Mire usted mismo el cuerpo, señor.

Bustamante se acercó al cuerpo que ahora estaba descubierto y que los transeúntes miraban con cierto morbo y lo señalaban haciendo comentarios entre ellos. Fue espeluznante ver a la muchacha y no pudo evitar una mueca de repudio y un sentimiento de cólera. Supo que Martínez tenía razón, el rostro evidenciaba una muerte similar a la de la profesora Guillermina, semanas atrás. Bustamante se acercó con mucho cuidado mientras los médicos continuaban con su trabajo y decían ciertas frases que luego iban anotando.

―Mire, señor, mire el rostro y se dará cuenta de todo.
Así era. Al igual que a la profesora Guillermina, el rostro estaba casi desfigurado por los golpes. No pudo evitar interrumpir el trabajo de uno de los peritos y preguntó.
―¿A qué se debe esa desfiguración del rostro?
El perito levantó una ceja, pero al reconocer al general Bustamante se apresuró a responder.
―Al parecer la golpearon en repetidas ocasiones hasta reventarle el rostro. Presumimos que no se trata de algún objeto pesado o contundente sino que el asesino utilizó únicamente sus manos. Observamos marcas de bofetadas y puñetes, algunos dientes zafados por la violencia de los golpes y un ojo reventado.
La descripción fue escalofriante y otra mueca se dibujó en el rostro de Bustamante.
―Lo ve señor. ¿Es que acaso no es exactamente igual a lo que le pasó a la profesora Guillermina?
―Y a esa oreja, ¿qué fue lo que le pasó? ― preguntó Bustamante al perito.
―La oreja izquierda está casi arrancada y el cuello tiene heridas muy marcadas. Creemos que fueron hechas con un fierro o algo parecido. Además, tiene dos punzadas en el estómago que pudieron ser infringidas con el mismo fierro o tal vez con algún otro elemento punzocortante.
Bustamante no pudo evitar un mareo, el asesinato era igual. Era exactamente lo mismo que le había sucedido a la profesora Guillermina y que hasta ahora no se podía resolver. Observó nuevamente el cuerpo y calculó que la muchacha no debía tener siquiera veinte años. Imaginó su terrible sufrimiento antes de morir y la locura del asesino para infringirle tan cruel martirio. Salió del lugar de los hechos y se dirigió a una de las patrullas. Martínez iba su lado sin pronunciar palabra.
…¿Pero qué diablos pasa aquí? ¿Qué mente tan perversa puede hacer esto por segunda vez? ¿Qué relación hay entre esta joven muchacha y la anciana profesora Guillermina? Maldita sea, al parecer el caso resulta demasiado complicado, pero algo tenemos que hacer. No podemos dejar que estas muertes ocurran así porque sí y dejar sin castigo al desquiciado culpable…
Detuvo sus pensamientos cuando estuvo sentado frente al volante de la patrulla.
―Martínez, quiero todo el informe de este caso. Tráeme el parte de ocurrencias y también el certificado de necropsia de la profesora Guillermina. Necesito saber qué similitudes hay entre ambas muertes. Ah, cierto, ubica también al general Chacaliasa. Dile que lo espero en la oficina y que venga lo más pronto posible. Trabaja junto a Alarcón. Nos vemos luego en la Dirincri.
El general Bustamante partió a la carrera, lleno de reflexiones y preocupaciones. Martínez volvió al lugar del asesinato y vio cómo se producía el levantamiento del cuerpo, pero no estuvo preparado para lo que vino después. Un joven salió corriendo de entre la multitud. Se quedó paralizado al ver el cuerpo. Segundos después, se escuchó un solo grito por todo el vecindario.
―¡Shirley!

Martínez lo observó y vio cómo se abrió paso entre todos los policías y forenses. Al llegar, abrazó el cuerpo amoratado y ensangrentado de la joven muchacha. La escena fue desgarradora, los periodistas fotografiaron el espectáculo y muchas más personas se acercaron a ver el suceso. Martínez sacó su libreta y anotó el nombre que el muchacho había gritado. Era duro descubrir el nombre de la víctima de esa manera, pero por lo menos ya tenían algo por dónde empezar a investigar. Sabía que el muchacho era pieza clave para las investigaciones, pero a la vez sabía que no podía entrevistarlo en ese estado, no de esa manera. Los periodistas seguían fotografiando al infortunado sujeto mientras los policías Alarcón, Rimas y Marino se acercaban a separarlo. El muchacho gritaba y lloraba sin consuelo. Sus gritos producían escalofríos a las personas presentes. Causaba lástima verlo aferrado al cuerpo, pero había que separarlo. El teniente Alarcón lo cogió de los brazos y lo separó unos cuantos metros del cuerpo. El joven se soltó con brusquedad, empujó al policía e intentó volver a acercarse a la víctima. Sin embargo, el mayor Marino se puso frente a él y se lo impidió. El muchacho no pudo contener más su desesperación y asestó un soberbio puñete en el rostro del policía. En el acto, un conjunto de agentes lo redujo. Se le colocó las esposas y lo llevaron hacia uno de los patrulleros mientras el cadáver era levantado y puesto en la parte trasera de una camioneta policial. Martínez siguió de cerca al muchacho. Vio cómo lo colocaban a empellones en la patrulla y comprendió el dolor del joven. No supo hacia quién sentía tanto odio, pero en ese momento su ser empezó a compadecerse del muchacho y a odiar a aquel responsable de ambas muertes. Con mucha cautela, llamó a Alarcón.

―¿Quién es el muchacho?
―Aún no sabemos su nombre.
―Muy bien, iré a hacerle algunas preguntas.
―¿Crees que sea el momento adecuado?
―Creo que con lo que le ha pasado, ningún momento sería el adecuado.
Conteniendo la respiración, Martínez se acercó a la patrulla.

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Introducción a la Escritura Expresiva es un curso dirigido a todas las personas interesadas en la escritura, a partir de los 14 años. No es necesario tener experiencia previa.

En este curso los alumnos aprenden:

  1. ¿Cómo escribir una historia?

  2. Cuál es la mentalidad más conveniente al momento de escribir. Cómo hacerlo en “dos etapas”.

  3. ¿Cómo leer de manera “activa” para escribir mejor?

  4. Así se describe. Así se narra.

  5. ¿Cómo se supera el “bloqueo”?

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La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.