La Calata Culta Viernes, 5 marzo 2021

El cineasta Fermín Tangüis sobrevivió al atentado de Tarata y ahora cuenta su historia en una película

La Calata Culta

Leslie Guevara es directora de la escuela de escritura Machucabotones. Es autora invitada en los libros de relatos "Sexo al cubo", "Hermosos ruidos" y "21 relatos sobre mujeres que lucharon por la independencia del Perú". Es editora del libro “Once Veces Tú”. Ha realizado talleres de narrativa en cárceles peruanas, en coordinación con la Asociación Dignidad Humana y Solidaridad fundada por el padre Hubert Lanssiers. Actualmente escribe su primer libro.

Título original: Fermín Tangüis, cineasta y sobreviviente de Tarata, cuenta su historia en una película

Fermín, acabo de ver “Historias de Perusalem” y me ha emocionado. Me llevó a un tiempo que no conocí. Pude estar en la calle Tarata en el año 92. Ese es el poder del cine. Registros como este nos ayudan a entender nuestra propia historia y a procesar lo que estamos viviendo. Es la primera película peruana en la que veo a personas usando mascarillas. No tengo ni remota idea de cómo habrá sido filmarla, pero se nota que hay corazón, y que has contado una historia muy personal. Y por eso mismo permites que tantas personas conectemos. Gracias. Salió con fuerza. La he visto 4 veces. 2 con César, una con mi mamá (ella te manda un abrazo), y yo sola. Gracias por compartir estas historias en medio de estas mil crisis que estamos viviendo. “Historias de Perusalem” llega a iluminar un poquito, y a hacernos más fuertes antes del bicentenario. Acá empieza la entrevista.

— Fermín, ¿antes del atentado en Tarata qué pensabas del terrorismo en nuestro país?

Era muy consciente de su existencia, pero de una manera remota. Mis referentes eran las portadas de los periódicos y los noticieros. Como me gusta el cine, el referente más importante era “La Boca del Lobo”, una película que pintaba de cuerpo entero lo que estaba sucediendo en el interior del país.

— ¿Qué te impulsó a decir “yo hago esta película”?

La aparición de la pandemia es clave. Pero también es el Bicentenario del Perú, y está mi deseo de cumplir 50 años y tener mi segundo largometraje bajo el brazo. Yo regresé de los Estados Unidos en el 2017 con la idea de realizar un largometraje. Mi plan A era un guion de ciencia ficción. Desafortunadamente no se pudo concretar. Entonces pasé al plan B, un guion que empecé a escribir en el 2010. El tema: la corrupción. No pude concretarlo por falta de financiamiento. Paralelamente estuve trabajando un documental para el Bicentenario del Perú, conmemorando a mi bisabuelo, un agricultor puertorriqueño que salvó la economía del Perú a principios del siglo 20. Ese trabajo lo empecé a filmar en agosto del 2019: tengo filmado el 30% pero vino la pandemia y no pude continuar, porque todo se cerró. Sin embargo, esa misma pandemia abrió una puerta. Debido a la paralización mundial, todos los que estábamos involucrados en la historia de Tarata manifestamos nuestro interés en participar. Todos estábamos en Lima, confinados pero con tiempo disponible.

— ¿Cómo fue seleccionar las demás historias?

Soy un coleccionista. Voy por la vida tomando nota y filmando a personajes que me parecen interesantes o que tienen historias que para mí son importantes. Es así que las entrevistas a Montaña y Antonio (en New Jersey) ya estaban en mi poder desde el 2013 y 2015 respectivamente.

La filmación de Tarata se concreta en julio 2020 gracias a la pandemia. Sin embargo, Tarata por sí sola me parecía demasiado violenta y cruda. La sentía un poco huérfana, y a la vez no quería realizar el típico documental sensacionalista que se centra en un acontecimiento sangriento. Se aproximaba el Bicentenario del Perú y buscaba una visión más amplia, que incluyera más voces. Algo generacional, que hablara acerca del desencanto pero a la vez de la resiliencia que tenemos los peruanos.

A partir de entonces empecé a buscar en mis archivos historias que fortalezcan esa premisa (Antonio y Montaña), pero a la vez me puse a observar lo que estaba sucediendo a mi alrededor en el presente.

— ¿Hace cuántos años tenías esta idea de filmar “Historias de Perusalem?

La respuesta no es tan simple. En 2019 filmé nuevamente a Montaña, pero esta vez tocando con su banda en un estudio. En el 2020 filmé a los muchachos de Tarata y fue recién ahí que terminé de comprender el interés que tenía por el tema de la resiliencia. A Ricardo y a Jhoel los filmé al final. Yo calculo que desde hace 8 años la idea estaba rondando mi cabeza, pero también podría decirte que nací predestinado para narrar esta historia, tras la terrible experiencia que me tocó vivir en Tarata.

 

— Esa noche del atentado en Tarata, te llevan a la clínica ¿y luego qué viene? ¿Cómo fue al día siguiente? ¿Cómo te sentías? ¿Cómo era el ambiente en tu casa?

Hubo noches en las que me despertaba de golpe, reviviendo en sueños la explosión. Una luz gigante y blanca. Por milésimas de segundos iluminó la noche y podías ver la calle Tarata como si fuera de día. Tras el atentado guardé reposo por 3 o 4 días y luego tuve que usar una muleta para caminar y volver al instituto. Mi herida cicatrizó mal, porque no la desinfectaron correctamente y cuando fui a que la revisen tuvieron que operarme para retirar la carne descompuesta. Eso ocasionó que guarde reposo nuevamente. Durante meses evitaba entrar en calles estrechas con carros estacionados, y le agarré cierta fobia a las alarmas de los carros porque instintivamente quería arrojarme al suelo o buscaba refugio cuando las escuchaba. Mi papá alardeaba mucho con la familia y con sus amigos, contando lo que me había sucedido como si fuera una hazaña. Mi mamá, en cambio, se quedó impresionada. Conversamos sobre la posibilidad de que me marche a los Estados Unidos, pero en septiembre de ese mismo año capturaron a los cabecillas de Sendero Luminoso y esa noticia me dio tranquilidad y esperanza. Ese mismo año me gradué como comunicador audiovisual y, pasado el susto, decidí no viajar.

— Fermín, en el documental se ve un periódico donde aparecen los nombres de las víctimas, ¿cómo te sientes cuando lees el tuyo allí?

Ahora no siento gran cosa, pero recuerdo que al ver esa lista por primera vez, a las pocas horas del atentado, y ver que mi nombre figuraba al lado de tantos otros nombres de gente desconocida, sentí una fuerte necesidad de identificar a aquellos heridos. Quería saber qué había pasado con ellos. ¿Cómo se llamaban? ¿Habían sobrevivido o habían muerto? Lamentablemente la nota periodística no brindaba más detalles, así que nunca pude averiguar nada al respecto.

— Ya se van a cumplir 30 años del atentado. ¿Qué sientes por Sendero Luminoso?

Lo único que puedo sentir es desprecio. No apoyo ninguna clase de violencia, nada justifica un actuar así. Todos alguna vez nos hemos sentido frustrados porque algo no sale bien. Todos alguna vez hemos tenido diferentes puntos de vista respecto de algo, nada justifica tomar medidas tan radicales. Este documental retrata historias de personas que han sabido salir adelante sin pisar el palito de la provocación y la violencia. Bruce Lee decía “be like water” (sé como el agua). El agua, cuando encuentra un obstáculo, lo rodea; cuando encuentra un recipiente, lo rebalsa; cuando hace calor, se evapora y cuando hace frío se endurece. Nunca se rinde y siempre prevalece. Esa debería ser también la naturaleza y la actitud humana ante la adversidad.

— Hace años, en la entrevista que te realiza Bedoya  en “El placer de los ojos”, esa donde sales con una mascarilla, dices “Ahora quiero hacer cine, narrar algo”.  ¿Qué sentiste cuando viste la película terminada?

Siento que las historias ya estaban ahí. Lo único que he hecho ha sido registrarlas, remarcar las conexiones que ya existían entre ellas y empezar a hilarlas. Soy como una antena que captó una señal y transmitió un mensaje. Por muchos años me he desempeñado como editor de videos para poder ganarme la vida, y eso me ha ayudado mucho al momento de dirigir este proyecto.

Cuando eres director y a la vez editor, te vuelves mucho más eficiente al momento de filmar. Vas al grano, porque sabes lo que necesitas. A mí me gusta salir a filmar e inmediatamente sentarme a editar lo que he filmado: con base en ese resultado, decido lo que me falta filmar. Tal vez en el pasado era imposible pensar en un método de trabajo así, por lo atrasada que estaba la tecnología, pero hoy en día es perfectamente posible.

Una vez que tuve claro que el espíritu de este documental residía en la resiliencia de los peruanos, me fue mucho mas fácil saber qué cosas me faltaban filmar, y qué preguntas necesitaba hacerle a Ricardo Delgado, Montaña, Jhoel Mamani y a los amigos de Tarata.

— En esta misma entrevista hablas de tu necesidad de hacer, de experimentar con el cine, ¿qué sientes de tu trayectoria como creador audiovisual?

Como creador audiovisual soy muy consciente de mi background. Yo me inicié haciendo cine en los años 90 con cámaras VHS y S-VHS, porque hacer cine de la manera tradicional era prácticamente imposible. Incluso, hoy en día sigue siendo muy difícil para profesionales independientes como yo acceder a trabajar con esos formatos y presupuestos. El cine clásico, como se hacía en el siglo pasado, es hermoso pero sigue siendo muy caro. Actualmente pueden hacerse películas igual de atractivas y de muy buena calidad con una fracción de lo que cuesta ese cine, y con un equipo reducido de personal. Yo pienso que es necesario una industria cinematográfica conciliadora. Que fomente el dialogo entre ambas maneras de producir cine en el Perú, y salga de ahí un punto intermedio. Ese es el cine que yo sueño, un cine que incluya la experiencia de todos. Creo que lo mejor del cine peruano aún esta por venir, pero se necesita esa unión para que surja un cine más original, arriesgado y fortalecido.

— Es una historia muy personal, ¿cuántas veces has llorado viendo esta película?

La noche del atentado, y en los años posteriores, nunca lloré. He llorado solamente una vez, y fue este año (2021), cuando terminé de subtitular la película al inglés con la ayuda de mi hija Kiara Tangüis. Ella ha vivido muchos años en los Estados Unidos, y fue mi mano derecha en esa titánica tarea. También me ayudó en el rodaje de Tarata, haciendo las entrevistas. Lloré al ver su compromiso, ayudándome a difundir la historia de lo que me había sucedido en Tarata. Si yo hubiera muerto esa noche ella no habría nacido, y yo pensé “Aquí estamos juntos, transmitiendo un testimonio que consideramos importante para las nuevas generaciones”. Eso me conmovió mucho. Trabajar al lado de mi hija me hizo valorar esta segunda oportunidad que el destino me regaló.

— Si tú fueras presidente, ¿qué harías por el arte?

Como presidente del Perú me encargaría de descentralizar el Ministerio de Cultura y asegurar que exista una sede en cada uno de los 24 departamentos del Perú. En segundo lugar vería la manera de aumentar el presupuesto que cada año se le otorga al sector cultura. Lo tercero sería exigir a esas 24 sedes gastar gran parte del presupuesto anual que se les asigna en promover la actividad artística de la región. Finalmente, con la ayuda de estas mismas sedes, me gustaría empadronar a todos los artistas del Perú, y así poder proporcionar un apoyo equitativo a todos.

— ¿Cómo ha sido financiar este documental?

Este documental ha sido autogestionado. Añádele a eso que estamos en plena pandemia, y que llevo ya un año paralizado, sin poder trabajar. Mi equipo de filmación se redujo a una cámara muy pequeña, que entra en la palma de mi mano. Ha sido muy oportuna en estos tiempos de pandemia y distanciamiento social. En el equipo de rodaje éramos solamente dos personas. Este documental es una prueba más de nuestra resiliencia.

 

— Qué sientes que ha cobrado sentido luego de contar esta historia, ¿cómo has sanado?

Las heridas de Tarata yo las sané hace mucho tiempo. Con respecto a la realidad nacional, creo que a este pueblo tan maravilloso, tan hermoso, de gente resiliente, talentosa y luchadora, aún le queda un camino muy largo de aprendizaje y compromiso. Ojalá este documental sirva para que muchos vean que existen temas de nuestro pasado que no deberían repetirse más. Esa tarea es de todos.

— ¿Cómo ha sido reencontrarte con tus amigos y volver a conversar del tema “Tarata?

Tarata ocurrió cuando éramos muy jóvenes, y con el tiempo uno empieza a dudar de su propia memoria. Hablar con ellos me ayudó a recordar. Sin embargo, hasta el día de hoy no sé por qué hemos tardado tanto en hablar de este incidente. Tarata ocurrió en el año 1992, y recién en el año 2016 (24 años después), surgió la necesidad de reencontrarnos para hablar de lo sucedido. Fuimos a la calle Tarata y nos tomamos fotos donde ahora se encuentra el monumento en homenaje a los heridos y fallecidos. Incluso nos dimos el trabajo de medir la distancia entre el lugar donde había estado el coche bomba y el lugar donde habíamos estado nosotros parados aquella noche. Yo conté 60 pasos, que es el equivalente a 30 metros aproximadamente. Siento que Tarata fue tan impactante, horroroso y gratuito que simplemente quise pasar la página y continuar hacia adelante, llenando mi vida con otras cosas, cosas que de verdad me apasionan e importan. Nunca quise verme como una víctima.

Puedes ver el largometraje «Historias de Perusalem» de Fermín Tangüis en este link.

La Calata Culta

Leslie Guevara es directora de la escuela de escritura Machucabotones. Es autora invitada en los libros de relatos "Sexo al cubo", "Hermosos ruidos" y "21 relatos sobre mujeres que lucharon por la independencia del Perú". Es editora del libro “Once Veces Tú”. Ha realizado talleres de narrativa en cárceles peruanas, en coordinación con la Asociación Dignidad Humana y Solidaridad fundada por el padre Hubert Lanssiers. Actualmente escribe su primer libro.
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