La Calata Culta Martes, 21 julio 2015

Maia y el sexo

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.

Estoy en un bar con mi amiga Maia, conversando. Yo le digo que el amor va y viene, que el amor es necesario en una etapa de la vida. Luego quieres poder, ropa y sexo. Total, todo es ficción, ¿no?

El mozo se aproxima a la mesa con nuestros tragos. Maia cruza las piernas y choca su vaso con el mío, yo cierro los ojos y bebo el primer sorbo de mi segundo Long Island iced tea, entonces pienso en el chico que me penetró el otro día, recuerdo su pene y su olor a coles hervidas. Me arrecho. Froto mis labios vaginales contra la silla, un poquito, y recuerdo cómo entraba su pene en mí, fue rico como un desayuno en la cama.  Maia sonríe, me dice ¿Y esa cara?

Es que cuando tomo alcohol me excito, le digo. ¿Eso no te pasa?

Maia me dice que hace tiempo no tiene intimidad con nadie, y alza la mano en el aire para pedir su tercer trago. Ha utilizado la palabra “intimidad” para referirse al sexo y eso me da qué pensar. Maia es de esas chicas que se toma fotos calata y las sube al Facebook. Pero no folla. Se hace la difícil. Todos los chicos que han salido con ella dicen que está medio loca y que no se afeita el pubis, yo no sé… Me despierta ternura, mueve los brazos mientras habla. “Está ebria”, pienso. ¡Es como sentirme fastidiada de manera permanente! dice, porque la situación le afecta la autoestima.  ¡Y encima siento que la vida te envía mensajes llenos de contenido sexual todo el tiempo! ¡Los makis y Netflix han llenado un vacío grande!, dice.

Coloco mi mano sobre su brazo y le digo Acábate tu trago, iremos a tirar. Yo tengo un amigo que encantado va a querer culiarte, él siempre quiere culiar.

De pronto yo misma empiezo a creérmela. Tiene 35 años, pero no creas que es un tío aburrido: al contrario, es buena onda y resiste, eso es fundamental.

Maia dice que le gusta la idea, que se lo tomará como un juego pero siente que ha subido de peso y eso le genera un poquito de inseguridad. Y está con un calzón de diario. ¡Ay, Maia! Si lo importante es la actitud y la sonrisa. ¿Lo llamo?

A Maia se le ve entusiasmada, ella a todo me dice que sí. Termina su tercer trago y entonces, con una enorme sonrisa en la cara, dice ¡De pronto me siento fuerte! Así que llamo a Horacio y le digo ¿Qué haces? Y él me dice que está en el centro de Lima con unos amigos, se le escucha contento. ¿Te gustaría tirar con mi amiga? le pregunto. Hay un silencio del otro lado, y yo veo a Maia observándome. ¿Dónde podríamos encontrarnos? escucho.

Subimos a un taxi y Maia quiere fumar, yo le preguntó al taxista si mi amiga puede fumar pero ella ha sacado la cabeza por la ventana y ha comenzado a gritar ¡Esta noche soy capaz de culiar hasta con un mendigo!

Cuando llegamos al Maury, tengo que ayudarla a bajar del taxi. Horacio está esperándonos en la puerta. Lo veo tenso, camina de lado a lado y, cuando me reconoce, alza la mano para saludar. Nos recibe con un delicado beso en el cachete y dice que ya ha pedido tres pisco sour, y que quizás los piqueos deberíamos escogerlos nosotras. Camino a nuestra mesa Horacio me hace un gesto rápido con los ojos que no puedo interpretar. Luego le dice a Maia que estaba en el Jockey Plaza comprándose un Kindle, que desde hace días estaba con eso porque se ha dado cuenta de que leer así es mejor. Yo no sé si Maia lo escucha, porque no para de sonreír. Veinte minutos después Horacio sigue hablando: dice que se ha descargado Crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Murakami, pero que le parece muy largo y le desespera el exceso de detalles. Yo no lo entiendo. Llevo a Maia al baño, para que se despabile, y ella me dice que le ha estado tocando la entrepierna a Horacio por debajo de la mesa. Dice que quería saber si la tenía regular. Maia no para de reír.

Maia y yo salimos del baño. Ahora Horacio dice que está leyendo La muerte del padre de Knausgård, dice que lo lee tapándose un ojo porque siente un poco de vergüenza. Maia se ríe, suelta una gran carcajada con su nariz embarrada de espuma de pisco sour hasta que hace un gesto: se levanta como puede de su sitio y camina hasta quedar debajo de un foco, con la expresión congelada. La gente la mira. Maia observa fijamente la luz del foco y entonces suelta un grandioso estornudo.

“Ah, ya, ella es de las que necesitan mirar una luz para estornudar” pienso.

Es una noche bonita.

En algún momento los abrazo a los dos y les digo ¡Esta noche fornicamos, así que apúrense! Horacio dice que hay un hotel a unas 4 cuadras y ahí nos dejarán entrar a los tres. Él dice que va a cada rato y que la chica de la recepción ya lo conoce.

 

       * * *

Esa noche Horacio penetró a Maia. La primera vez lo hizo con condón, luego se olvidaron de eso. Horacio me pidió que grabe con mi celular: le pregunté a Maia si eso le incomodaba y ella dijo que no. Horacio la hizo gritar fuerte y metió su rostro en medio de sus nalgas, creo que quiso parecer rudo pero a mí me dio risa. Ella miraba de frente a la cámara, en líneas generales se le veía contenta. Incluso le daba indicaciones de por dónde tocarla. Horacio se reía y me decía que terminando nos llevaría a comer anticuchos. Maia parecía una niña en el día de su cumpleaños.

 

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p.s.: Me tomo la libertad de compartir el flyer de este evento con ustedes.

 

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.