La Calata Culta Martes, 5 agosto 2014

[Historias sin importancia]

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha estudiado comunicaciones y realización cinematográfica. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en medios de España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones.

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La vendedora cogió las dos botellas de vino y las colocó sobre el mostrador. Me dijo que las guardara rápido, que en el poste de afuera había cámaras. Ella tenía manos pequeñas y sucias, de dedos delgados, y golpeaba el mostrador con esos mismos dedos como diciendo ya vete de aquí. Y con la otra mano se encendía un cigarrillo. Mi compañero y yo nos sonreímos; nos alejamos corriendo… Cuando eres joven e inconsciente te ríes hasta de ver a las moscas volar: aquella vendedora necesita besos y no cigarrillos, pensé, y la idea retumbó en mi cerebro. Mi compañero insinuó que la compra era una tontería, y que ese dinero hubiera pagado unas cervezas bien heladas: sin embargo, por ese entonces yo bebía mucho vino. La cerveza me parecía vulgar.

Caminamos unas cuadras y el frío empezaba a adormecerme los pies. Yo ya estaba deseando irme a casa, quería retirarme para correrme la paja debajo de la colcha porque él estaba alzando su voz, preguntando “¿POR QUÉ ESTÁ CERRADO ESTE BAR JUSTO HOY?”.

Me gusto yo a solas, por esta razón no salgo con tantas personas, estoy experimentando eso que se llama darse amor a uno mismo, le dije al perro que estaba recostado afuera del local. Así que lo tenía decidido: ese huevón me cansaba. “Ya no pienses: está cerrado, nada cambiará esa situación” le dije. Y una voz dentro de mi cabeza me decía Saturna, él quiere beber mucha cerveza y hablarte de sus historias de amor y de sexo. Es un hablador y tiene manos de niño. Entre la multitud, hice el gesto improvisado de que se aproximaba el bus y me fui corriendo: le decía chau mientras me alejaba. Así nomás. No me importó nada. Me subí a cualquier bus. Tenía la garganta seca y los ojos rojos: una limonada frozen aparecía en mis pensamientos… Eso, y la paja. En realidad no tenía la menor intención de irme corriendo: solo se me ocurrió y mis pies se movieron.

Y claro, ahora estaba sentada en un bus, al lado de una adolescente que se tiró la pera en el colegio, y que tenía en el regazo la cabeza de su chico. Todos fuimos loquillos en algún tiempo. La muchacha me sonrió, y yo sentí esos rayos de sol cayéndome sobre el hombro, así que aproveché para buscar en mi bolso el libro “Usted puede sanar su vida”. Sí, pues, un libro de autoayuda. Con mis desconfianzas y todo, me parece que es un libro que coloca la curita en los lugares indicados. El bus arrancó y yo sonreí pensando de la que me salvé. Las botellas de vino chocaban entre sí en mi bolso, y yo pensaba que las cosas son siempre por algo y que quizás, en ese frío de mierda, yo no tenía que estar bebiendo con un hombre negativo que siempre me hablaba de Taxi Driver y que al final remataba contándome de los libros de Alonso Cueto y de Murakami… Beber y beber para acabar con un muchacho precoz sobre la cama no es la voz… La felicidad que me provocó este pensamiento hizo que eructara, largo y profundo como me enseñó mi hermano menor. Y el olor que se desprendió de mi boca era a maracuyá y nicotina. Creo. La pareja de enamorados me miró y se cambió de sitio.

Y todo siguió mejor: los consejos de los hermanos menores a veces sirven.

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha estudiado comunicaciones y realización cinematográfica. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en medios de España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones.