La Calata Culta Miércoles, 24 enero 2018

Laura era mi mejor amiga

La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.
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Foto: gbenlo/instagram

 

Nos sentamos sobre la cama con las espaldas apoyadas en la pared.

—En esta vida vas a recordar las cosas por los olores —dijo K y se sobó los ojos.

—¿Qué olor te hace sentir contento? —le pregunté.

—El de tu vagina.

—¡Ay, estoy hablando en serio!

—Yo también estoy hablando en serio.

El problema con K era que nunca sabías cuando estaba hablando en serio. Era sarcástico. Pero me hacía reír. Casi nunca hablábamos por celular, pero a veces llamaba y decía ¿Es la lavandería de Pochita? y yo no le reconocía la voz y le decía Se ha confundido. Y en ese momento él estallaba en risas y yo me fastidiaba, le gritaba Oye, carajo pero luego también me reía. K era como un niño.

Me tenía que ir y no encontraba mis zapatos. Me agaché para buscar debajo de la cama y los vi al fondo.

—Ayúdame —le dije.

K se levantó de la cama y se puso a mi lado.

—Ahorita te traigo la escoba, ¿sí? Pero primero métete este palo.

Metió su pene dentro de mi boca.

Eso me fastidiaba. Pero K era así. Me faltaba el brasier, moví la silla y lo vi debajo de la mesita de noche. K lo agarró antes que yo.

—¿Quieres esto? —dijo él.

—Oye, dame mi brasier.

—Ven perrita, ñami, ñami.

Decía eso y se iba alejando.

Luego yo tenía que correr detrás de él para quitarle el brasier.

—Huevón, dame mi brasier.

Y cuando yo le arranchaba el brasier me apretaba el cachete diciéndome No seas gruñona. Ahora viéndolo todo en retrospectiva la escena me parece graciosa. Pero en ese tiempo me jodía que él tuviera ese comportamiento. Yo renegaba. Luego él decía En ti hay una vieja y terminábamos abrazados sobre el sillón. Con él casi siempre era así, tenía el instinto de joder. La otra vez mientras me cepillaba los dientes le dije para ir al cine, creo que estaban dando una de terror. Y él me respondió Claro, y luego podemos ir al teatro o a un concierto, ¿no? Y terminó la oración en risas.

—¿A qué hora vendrás con Laura? —me preguntó.

—A las 8 pm —le dije.

Lo observé y parecía emocionado, hizo un gesto como de aprobación con la boca. No le dije nada más porque me dio cólera. Le di un beso en el cachete y cerré la puerta. Salí de su casa diciendo Puto K. Puto K.

* * *

Fui a mi casa. Me estaba bañando y cuando iba a afeitarme el pubis vi sangre. Lo primero que pensé fue La menstruación. Me fijé bien y un granito se había reventado. Me sentía cochina. Yo decía Mierda, mierda, mierda. ¿Por qué chucha se revienta esto ahora? Me senté en el muro de la ducha y apreté la bolita con fuerza para que terminara de salir todo. Salió sangre, luego salió un líquido verde. Casi vomito. Me vinieron arcadas. Luego respiré profundo como me enseñó el profesor de manejo y me dije Tengo que ser fuerte, como los marineros de altamar. Y dejé de sentirme miserable. Me enjuagué debajo de la ducha prometiéndome que siempre usaría condón. Salí del baño.

Era viernes por la noche y había quedado con Laura en el McDonald´s del parque Kennedy a las 7:40 pm. Luego iríamos a la casa de K. Caminé por el pasillo, con mis sandalias mojadas, pensando que hacer un trío no era la gran cosa. Entré a mi habitación y busqué una hoja de papel, tenía que apuntar algo para mí en el futuro. Tenía que dejarme un mensaje. Cogí el lapicero rosado y escribí K me gustó como me gustan las mandarinas, pero luego de hoy no lo volveré a ver.Terminé de escribir eso y doblé el papel dentro de un libro de Coelho. Lo guardé ahí porque sabía que nadie abriría ese libro.

Me vestí. No me maquillé, solo me perfumé. A K no le gustaba que me maquillara. Él decía que yo no necesitaba maquillarme. Y salí de mi casa con cierta palpitación en el pecho. Cerré la puerta y vi al vigilante al lado de su bicicleta, tocando el timbre de la casa de la vecina. Caminé por su lado y me dijo Señorita, buenas tardes, el lunes habrá reunión de la junta de propietarios y me entregó un papel. Le extendí la mano y le dije Muy amable, señor. Lo observé por 6 segundos y pensé ¿Este señor imaginará que estoy yendo a un trío? Caminé hacia el paradero. Una vez dentro del taxi saqué el libro que estaba leyendo, pero no podía concentrarme. Nada de eso me interesaba, sentía una punzada en el centro del abdomen que nunca antes había sentido. Pensaba cosas como ¿Y si ellos se gustan?

En el cruce de Angamos con Marsano el taxi frenó bruscamente: un ómnibus de Tepsa se pasó el semáforo y casi nos aplasta. En ese momento pensé Mierda, quizás no deba ir. Los minutos pasaron y llegué al McDonald´s. Laura estaba ahí, medio encorvada observando su celular en la puerta del restaurante. Caminé hacia ella, recuerdo que estaba vestida con un pantalón rojo y una polera de Los Cazafantasmas. Le di un beso en la mejilla. Primero se sobresaltó, luego me dio un abrazo.

—¿Hasta qué hora estaremos? —me preguntó, observando su celular.

—¿Estás apurada?

Yo la veía algo nerviosa.

—No, pero luego iré a Toro Bar.

A Laura le gustaba ir a ese tipo de lugares todos los fines de semana. Luego se emborrachaba y perdía el celular.

—Una hora y media, máximo dos.

Laura era mi mejor amiga. Era el tercer trío que hacíamos juntas. La primera vez fue con un amigo en común que había llegado a Lima y no tenía dónde quedarse. Pasamos la noche tomando pisco sour en un hotel del centro de Lima. Entre Laura y yo no había deseo sexual, solo lo hacíamos para divertirnos. La segunda vez fue a través de una empresa de escorts. Laura y yo necesitábamos la plata para ir a una fiesta de electrónica en el sur. Tuvimos suerte porque el cliente fue un chico lindo. Pero esta vez era distinto porque K me gustaba. Quería hacerlo, pero tenía la sensación de que algo iba a cambiar entre nosotras.

* * *

Llegamos a la casa de K. Toqué el intercomunicador.

—¿Quién? —dijo él.

—Yo.

—¿Yo?, ¿quién? Conozco muchos yo.

—Oye, abre.

Y la puerta se abrió.

Caminamos por un pequeño pasillo con macetas de geranios y entramos a su sala. El lugar olía a palo santo. Era un ambiente bonito, como sería la sala de un niño intelectual desordenado. K salió de la cocina con dos cervezas en la mano. Parecía que recién se había bañado porque nos besamos y me mojó el cachete con su cabello. Dejó las cervezas sobre la mesita de centro y yo los presenté. Ella es Laura. Él es K. Se dieron un beso en el cachete.

Laura y yo nos sentamos. Ella sobre un cojín en el piso y yo en el sofá. K en otro sofá. En la mesa de centro había revistas, tijeras y tres latas de cerveza. K estuvo queriéndose hacer el gracioso, contándole sus anécdotas con las fans a Laura. Queriendo impresionar. K era pintor. No me parece que fuera un buen pintor. Pero a la gente le gustaba su estilo. Él era un posero. A Laura también parecía gustarle, quizás porque ella era otra posera. Yo la conocía. En ese momento me di cuenta de que mis labios estaban resecos, cuando pasé la lengua por mi boca. Abrí una cerveza y K desmoñó la yerba.

—¿Y ustedes de dónde son amigos? —preguntó Laura.

K alzó la mirada y respondió mientras le daba vueltas al grinder.

—Del Facebook, Ale me acosaba —dijo con una sonrisa exagerada.

—Calla, huevón —le dije.

Ese es el problema cuando juntas a dos realidades. Una parte hace preguntas y la otra responde. A Laura ya no se le veía nerviosa.

—Pero fue antes de que se volviera popular, ya no se acuerda.

Cuando K terminó de decir eso se pasó la rizla por la lengua y yo volteé a ver el rostro de Laura. Ella estaba como encantada observando su librero y las pinturas en las paredes. Él roleó el dubi y con una tijerita cortó un extremo de papel. Ahí comencé a sentirme hasta las huevas. Porque me di cuenta de que K se parecía más a Laura que a mí. Los dos eran desordenados y los dos habían visto la película PorkoRosso. K encendió el dubi, dio una pitada y contuvo el humo dentro de su boca. Se levantó de su asiento y se acercó a Laura y la besó. Ella lo recibió. K regresó a su asiento. Bebió su cerveza y Laura tosió.

—¿Está rica la weed? —preguntó K.

—Está buenaza —dijo ella, atorándose.

K se acercó nuevamente a Laura y le preguntó ¿Está buenaza? Y se lanzó sobre ella. Se besaron sobre la alfombra. A Laura creo que le gustó eso. Y todo bien, yo no tenía por qué molestarme. La vida es ancha y ajena, pensé. Había llevado a Laura para eso.
Me agaché y me uní a ellos. Comencé a tocarle los senos a Laura. Preferí dejarme llevar por la arrechura y punto. Le quité su polera, le abrí la blusa poco a poco y le quité su brasier negro. Salieron las tetas y tenía los pezones duritos. Comencé a morderlos. Ella me acariciaba el cabello. A mí Laura no me interesaba. Yo solo quería excitar a K. Él nos observaba mientras se tocaba la entrepierna por encima del pantalón.

Laura se levantó y nos dejó en el piso. Ella recogió su ropa y caminó hacia el baño. K me besó la barriga. Su boca era pequeñita y sus labios no estaban resecos. También me dijo Gracias, Ale. Nunca me voy a olvidar de este día.

Se bajó el pantalón y se quedó en bóxer. Y Laura salió desnuda del baño, K la abrazó y observándome me dijo Tenemos que ser buenos anfitriones, ¿no? Yo asentí con la cabeza sin decir nada y miré a Laura.

—Trae un cojín para que Laura se arrodille.

Cuando K daba una indicación me gustaba hacerle caso. Porque eran pocas las veces que lo hacía. Y eso me excitaba. K le puso las manos en la cabeza y la agachó hasta la altura de su cintura. Yo coloqué el cojín en el piso y Laura lo acomodó debajo de sus rodillas.

—Déjalo bien chupado porque se lo voy a meter a Ale —le dijo K.

Me sentí rara al escuchar eso. Quería llorar. Se la estaban chupando al chico que me gustaba. Nunca pensé que iba a ver a K y a mi mejor amiga juntos. Y al mismo tiempo me excitaba verlo con otra mujer. Me di cuenta de que Laura no la chupaba bien, no se la quería tragar. K la empujaba hacia su pene, pero ella lo sacaba. Y decía Así no. K la remedaba como a una bebita, diciéndole ¿Así no? y ponía boca de pato. Parecía un poco exaltado. Yo pensé ¿Qué le pasa a este huevón? Él dejó a Laura arrodillada en el piso y camino hacia mí. Me acarició la mejilla y me bajó el calzón lentamente. K tenía las manos pequeñas, pero a veces era un hombre encantador. Me pasó la lengua por la vagina y frotó la punta de su pene y de un solo impulso la metió completa. Le acaricié la espalda y le hablé al oído, le dije Quiero venirme rápido. Él sonrió. Me dijo Ya.
Laura estaba parada frente a nosotros con su celular en la mano. Eso me jodía. Porque no sabía si estaba chateando o grabándonos. Me hice hacia un costado y le extendí la mano para que ella se uniera. Laura dejó su celular y se recostó a mi lado. K me penetraba y le chupaba las tetas, yo me sentía hasta el culo. Quería llorar. El pene de K no era largo, pero era grueso, como dos palos de escoba juntos. Y por eso K sabía que tenía que metérmela con fuerza.

En ese momento pensé en todos los penes que había conocido. Pero me corrí pensando que iba a conocer a alguien que tirara mejor que K. Pensé en eso y me vine. Fue muy agradable. En ese momento imaginé que nadaba dentro de una copa de champán. K se dio cuenta de que me había venido y se salió. Se fue a penetrar a Laura. Pero ella lo detuvo.

—¿Y el condón? —le dijo.

—No tengo condones.

Laura volteó a verme.

—¿No usaste condón? —me preguntó.

Recogí mi ropa del piso. La pregunta de Laura me sorprendió porque ni yo me había acordado del condón.

—Si quieres voy, así como estoy calata y te compro uno, ¿ya?

Laura juntó sus labios en señal de resignación y se echó en la cama. K volteó hacía mí y me guiñó el ojo. La penetró y ella gimió bien fuerte como una perra. No sabía si le estaba gustando o si mentía. Era tema de ella. Ya no me molestaba nada. Yo solo quería salir de ese lugar e irme al Manolo por un churro.

Todo era una mierda. Yo seguía recogiendo mi ropa del piso y pensaba Y todavía lo hicimos sin condón. Puto K. Lo odié como mierda. A ella también la odié, pero un poquito nomás. Él era un maldito cachero. Me fui a la sala. Me senté en el sofá y estiré mis piernas sobre la mesita de centro. Me pasé la lengua por los labios y esta vez me jalé un pellejito. Mierda, cómo me dolió. Tomé cerveza. Encendí un cigarro y me quedé escuchando cómo gemían.

Putos los dos.

En ese momento pensé en mi amiga Marlene. Ella era una amiga de mi promoción de 5to de secundaria. Me pregunté si ella aceptaría este tipo de propuestas y me sentí fatal. Porque sabía que no. Ella no lo haría con un promiscuo. Sin condón. Y menos haría un trío. Ella era una chica correcta, una vez le vi que usaba fustán y yo era una idiota. ¿Por qué no seré correcta?

Y pensar que hace unas horas él y yo habíamos estado haciendo el amor en esa misma cama. Lloré de la cólera. No podía seguir aguantándome. Me pasé la mano derecha por la cara y me froté los ojos. Pero era tonto ponerme así. Me mordí los nudillos y busqué una canción en mi celular, no quería seguir escuchándolos. No sabía cuál. Me sentía hasta el culo y puse esa de David Bowie, Starman.

En ese momento quería que bajará un marciano del techo y me llevará a su planeta.

Levanté el volumen y esperé a que K se viniera sobre Laura.

 


◘ Este relato salió publicado con el título “Puto K” en el libro “Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú” (Editorial Altazor) 

 

~ H O L A ~

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La Calata Culta

Leslie Guevara es escritora y periodista. Ha sido columnista de la revista Velaverde. Relatos suyos han sido publicados en España y México. Es una de las autoras del libro "Sexo al cubo. Veintisiete relatos escritos por mujeres en el Perú" (Editorial Altazor). Es gerente de proyectos de Machucabotones y su perra se llama Allujo.